El
feudalismo se fundó sobre sentimientos nobles:
Lealtad, protección, servicio. Los demás
sistemas
políticos se fundan sobre sentimientos
viles, egoísmo,
codicia, envidia, cobardía. El triángulo:
aldea - castillo
- monasterio, no es una miniatura
medieval sino un
paradigma eterno.
Nicolás
Gómez Dávila
Es evidente que las sociedades orgánicas que devienen en una economía orgánica, se encuentran en estado de extinción. Lo que realmente acucia al hombre y la sociedad es la vigencia de las sociedades inorgánicas que provocan una antinomia con lo expresado para las primeras.
En este caso – la sociedad inorgánica -, el hombre se
encuentra inmerso en una familia
caracterizada por el desarraigo, -
huella individual y sin sujeción comunitaria -, y la desintegración – fragmentación y falta de consolidación – lo que
genera un avance sostenido de la impronta globalista que promueve la disolución
social.
La escuela, a la cuál concurre
desde niño, ha padecido cambios sustanciales que alejan el fin de la educación
llevándolo a una concepción nueva de la interpretación de la realidad y de la
vida.
Educar es enseñar a pensar, es
hacer posible que se descubran los amores fundamentales que justifican la vida
y que el chico llegue al ansia del saber, es decir que llegue a querer culminar
su vida con el descubrimiento de la verdad, del bien y de la belleza, que para
eso estamos en el mundo, y que vea que él es el autor, el artífice, el que
corre permanentemente en busca de su libertad.
La psicogénesis de la
lectoescritura constituye un paradigma de esta nueva educación por la cuál se
omite la realidad y la búsqueda de la sabiduría, para transformarla en un mero
proceso constructivo de esa realidad.
Avanzando en edad, llegando a la
segunda etapa de la vida educativa se sigue observando ese proceso de
construcción y fragmentación de la realidad.
El hombre surgido de esta maraña
familiar y educativa ingresa en la vida social con una formación parcial, incompleta
y tendenciosa, ya sea en la universidad, el trabajo, los estudios
terciarios o directamente la vida familiar.
La universidad, como afirmábamos en nota anterior, es cientificista y pragmática, incorpora
conocimientos aislados y ajustados exclusivamente a la temática que los ocupa.
La universalidad no existe.
Como
consecuencia de la impronta individualista y egoísta que todo lo cubre, el trabajo es escaso y servil (no es
trabajo, es solo empleo por una paga determinada y sin el respeto de la
condición humana propia de cada hombre).
Los estudios
terciaros, sin vocación, se asumen como lo más accesible a sus posibilidades
económicas e intelectuales, con una falta absoluta de motivación, provocando en
los pocos que acceden a su graduación, una falta total de compromiso.
En la vida
familiar, existe una tendencia a un comportamiento atípico y solitario.
Ese hombre,
según su nivel social adquirirá una conducta disímil pero suplementaria.
El burgués, símbolo de esta sociedad, elude
todo compromiso con las sociedades intermedias y observa al Estado como un simple organismo
que lo proteja y no le provoque inconvenientes.
Por el
contrario, el proletario exige
derechos crecientes que se van acumulando a medida que la burguesía progresa en el acaparamiento de bienes económicos.
Se produce una
crisis creciente que divide la sociedad de manera decisiva
Las sociedades intermedias, en consecuencia,
no tienen significación y su comportamiento es errático asumiendo acciones que
se imponen por la moda o figuras de significación a nivel internacional.
El Estado se vuelve ausente, pragmático y
sobre todo sin autoridad y sometido a los intereses internacionales.
El hombre ante
esta nueva cosmovisión de vida, acentúa la
vida del hacer – consumir en la vida familiar – y la vida del ocio licencioso – en detrimento del ocio contemplativo
– acentuando de manera potencial el hacer sobre el contemplar.
El ocio es recreativo o de entretenimiento
y se caracteriza por una impronta generalizada que incorpora modas, algunas
casi permanentes – como las mascotas, gimnasio, juegos, internet, etc. – y
otros esporádicos que aparecen y desaparecen dejando sus secuelas de egresos
económicos irrecuperables.
Como
consecuencia de ello, la economía transita por un desorden típico que se
recluye en el consumismo y el hedonismo.
Lo grave de
esta estructura social – sociedad
posmoderna capitalista – denominada sociedad inorgánica es que deviene en
la transformación de la relación de hombre
a hombre en una relación de hombre a
hombre cosificado.
En este plano –
el económico – significativo en la vida social, se contempla con profunda
desazón y angustia, en aquellos que aún conservan algún hálito de solidaridad,
como la relación humana económica, de empresario a trabajador, de empresarios
entre sí, de obreros entre sí, etc, se halla plenamente resquebrajada,
invadiendo todos los ámbitos comunitarios. La familia, prioritariamente padece
estas consecuencias.
Luchar, si
luchar para cambiar los hábitos y secuelas que ha ido con formando a través del
tiempo el capitalismo.
Aunque parezca
utópico, anticuado y arcaico, es imprescindible un cambio de mentalidad, como
dice Pietra, volver a las herramientas, al trabajo personal, independiente, no depender
de un magnate codicioso y globalista. No depender del sistema por el creado.
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