miércoles, 22 de agosto de 2012

ENTRE EL ABISMO Y LA ESPERANZA: EL HOMBRE Y LAS SOCIEDADES INTERMEDIAS



   




El feudalismo se fundó sobre sentimientos nobles:
                                                                                    Lealtad, protección, servicio. Los demás sistemas
                                                                                    políticos se fundan sobre sentimientos viles, egoísmo,
                                                                                    codicia, envidia, cobardía. El triángulo: aldea - castillo
- monasterio, no es una miniatura medieval sino un
                                                              paradigma eterno.
                                                                                                              Nicolás Gómez Dávila


Es evidente que las sociedades orgánicas que devienen en una economía orgánica, se encuentran en estado de extinción. Lo que realmente acucia al hombre y la sociedad es la vigencia de las sociedades inorgánicas que provocan una antinomia con lo expresado para las primeras.
En este caso – la sociedad inorgánica -, el hombre se encuentra inmerso en una familia caracterizada por el desarraigo, - huella individual y sin sujeción comunitaria -, y la desintegración – fragmentación y falta de consolidación – lo que genera un avance sostenido de la impronta globalista que promueve la disolución social.
La escuela, a la cuál concurre desde niño, ha padecido cambios sustanciales que alejan el fin de la educación llevándolo a una concepción nueva de la interpretación de la realidad y de la vida.
Educar es enseñar a pensar, es hacer posible que se descubran los amores fundamentales que justifican la vida y que el chico llegue al ansia del saber, es decir que llegue a querer culminar su vida con el descubrimiento de la verdad, del bien y de la belleza, que para eso estamos en el mundo, y que vea que él es el autor, el artífice, el que corre permanentemente en busca de su libertad.
La psicogénesis de la lectoescritura constituye un paradigma de esta nueva educación por la cuál se omite la realidad y la búsqueda de la sabiduría, para transformarla en un mero proceso constructivo de esa realidad.  
Avanzando en edad, llegando a la segunda etapa de la vida educativa se sigue observando ese proceso de construcción y fragmentación de la realidad.
La Organización de las Naciones Unidas a través de varios organismos avanza en la consolidación de una educación sin valores, sin principios éticos que procura solamente la consolidación de la globalización y del nuevo orden mundial.
El hombre surgido de esta maraña familiar y educativa ingresa en la vida social con una formación parcial, incompleta y tendenciosa, ya sea en la universidad, el trabajo, los estudios terciarios o directamente la vida familiar.    
La universidad, como afirmábamos en nota anterior, es cientificista y pragmática, incorpora conocimientos aislados y ajustados exclusivamente a la temática que los ocupa. La universalidad no existe.
Como consecuencia de la impronta individualista y egoísta que todo lo cubre, el trabajo es escaso y servil (no es trabajo, es solo empleo por una paga determinada y sin el respeto de la condición humana propia de cada hombre).
Los estudios terciaros, sin vocación, se asumen como lo más accesible a sus posibilidades económicas e intelectuales, con una falta absoluta de motivación, provocando en los pocos que acceden a su graduación, una falta total de compromiso.
En la vida familiar, existe una tendencia a un comportamiento atípico y solitario.
Ese hombre, según su nivel social adquirirá una conducta disímil pero suplementaria.
El burgués, símbolo de esta sociedad, elude todo compromiso con las sociedades intermedias  y observa al Estado como un simple organismo que lo proteja y no le provoque inconvenientes.
 Por el contrario, el proletario exige derechos crecientes que se van acumulando a medida que la burguesía progresa en el acaparamiento de bienes económicos.
Se produce una crisis creciente que divide la sociedad de manera decisiva
Las sociedades intermedias, en consecuencia, no tienen significación y su comportamiento es errático asumiendo acciones que se imponen por la moda o figuras de significación a nivel internacional.  
El Estado se vuelve ausente, pragmático y sobre todo sin autoridad y sometido a los intereses internacionales.
 El hombre ante esta nueva cosmovisión de vida, acentúa la vida del hacer – consumir en la vida familiar – y la vida del ocio licencioso – en detrimento del ocio contemplativo – acentuando de manera potencial el hacer sobre el contemplar.
El ocio es recreativo o de entretenimiento y se caracteriza por una impronta generalizada que incorpora modas, algunas casi permanentes – como las mascotas, gimnasio, juegos, internet, etc. – y otros esporádicos que aparecen y desaparecen dejando sus secuelas de egresos económicos irrecuperables. 
Como consecuencia de ello, la economía transita por un desorden típico que se recluye en el consumismo y el hedonismo.
Lo grave de esta estructura social – sociedad posmoderna capitalista – denominada sociedad inorgánica es que deviene en la transformación de la relación de hombre a hombre en una relación de hombre a hombre cosificado.       
En este plano – el económico – significativo en la vida social, se contempla con profunda desazón y angustia, en aquellos que aún conservan algún hálito de solidaridad, como la relación humana económica, de empresario a trabajador, de empresarios entre sí, de obreros entre sí, etc, se halla plenamente resquebrajada, invadiendo todos los ámbitos comunitarios. La familia, prioritariamente padece estas consecuencias.  
Luchar, si luchar para cambiar los hábitos y secuelas que ha ido con formando a través del tiempo el capitalismo.
Aunque parezca utópico, anticuado y arcaico, es imprescindible un cambio de mentalidad, como dice Pietra, volver a las herramientas, al trabajo personal, independiente, no depender de un magnate codicioso y globalista. No depender del sistema por el creado.

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