lunes, 4 de febrero de 2019

LA AMIA SE REINTEGRA A LA SOCIEDAD NACIONAL ARGENTINA



Por Juan Gabriel Labaké
La declaración de la AMIA, en la que se opone al juicio en ausencia (afirma, además, que cualquier camino en ese sentido será “desconocido” por la entidad), y solicita a la DAIA que desista de impulsar la causa judicial contra la ex presidente Cristina de Kirchner por la firma del Memorando de Entendimiento con Irán, marca un giro importante en la historia reciente de la colectividad de argentinos de religión judía.
Y ello se ve resaltado por las razones que esgrime la AMIA para tomar esa decisión, en abierta oposición a la línea política – seguida desde siempre por la DAIA- de inmiscuirse en los asuntos internos de la Argentina para favorecer los objetivos del Estado de Israel.
En efecto, dice el comunicado de la AMIA al respecto:
Consideramos que mantener esta querella es perjudicial para la comunidad en general y afecta a la AMIA en su gestión específica”.
(…) hay que mantener a la comunidad judía libre de “partidos o grupos políticos”.
Esas palabras permiten abrigar la esperanza de que la AMIA, y también la DAIA, favorezcan la plena integración de la colectividad de argentinos de fe judía en nuestra sociedad nacional, como lo fue antes de que el Estado de Israel tomara control de la conducta política de la llamada diáspora, para usar sus propias palabras.
Bienvenida su decisión, compatriotas de la AMIA. Los argentinos de bien la celebramos junto con ustedes.
Buenos Aires, 31 de enero de 2019.
Carta al Dr. Cimadevilla
Buenos Aires, 19 de julio de 2016.
Al Dr. Mario Cimadevilla Secretario de Estado a cargo de la Unidad Especial de Investigación del Atentado a la AMIAMinisterio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación De mi consideración:
El suscripto, Juan Gabriel Labaké, abogado, CSJN T. 7, F. 311, con domicilio en calle Tucumán 1650, PB, 1, CABA, tel. 4805-9083 y 15-5887-3337, me dirijo a usted con el ánimo de colaborar en la dura tarea que está encarando, cual es la de investigar la verdad sobre el atentado a la AMIA.
Acabo de leer que usted ha hecho a los dirigentes de Memoria Activa dos propuestas:
1.-Aprobar una ley de juicio en ausencia, para aplicarla a los iraníes. En ese caso, según la información recibida, el inconveniente sería que las “pruebas que tenemos contra ellos podrían no ser suficientes para una condena”.
2.- Volver a la pista de la policía bonaerense.
Como abogado defensor de los imputados señores Alberto Kanoore EDUL, fallecido en 2010, y de su hijo Alberto Jacinto Kanoore EDUL, llevo doce años de investigaciones en esta cruenta causa terrorista: justamente desde que el primer juez de Instrucción fue destituido (2004) hasta hoy. Y mis defendidos han cumplido ya los 22 años de estar bajo una ignominiosa sospecha: sobre el hijo aún pesa una “falta de mérito”; al padre lo sobreseyó la muerte…
En esa larga, ya interminable, labor profesional he ido descubriendo hechos y pruebas que, de ser tenidos en cuenta, cambiarían el enfoque y los resultados de la investigación, quizás en forma decisiva, y que, por razones que no me corresponde analizar, ningún fiscal, ni el primer juez de Instrucción, ni el actual, ni la Cámara de Apelaciones han aceptado investigar realmente.
Mantengo la esperanza de que usted, dada sus funciones y por sus antecedentes, sea la persona indicada para hacer o impulsar las investigaciones y comprobaciones necesarias sobre tales hechos y pruebas.
Ése es el único motivo de esta carta: confío en usted y, por ello, me permito ofrecerle la información que he acumulado en estos doce años, y que todos los responsables han simulado ignorar.
Expuesto lo que antecede, paso a exponer los hechos y pruebas que descubrí en el propio expediente judicial, sobre el tema clave de esta instrucción y que, insisto, nadie ha querido investigar hasta hoy: la inexistencia de un coche bomba.
Si usted estudia la causa con detenimiento y sin prejuicio alguno, comprobará para su sorpresa que nadie ha demostrado la existencia de un coche bomba (una Trafic Renault o cualquier otro) en la producción del atentado a la AMIA. Es más, no existe prueba alguna de que se haya usado un coche bomba. Es algo totalmente inexistente.
El primer cuerpo pericial que sentó la tesis de un coche bomba fue el de la Policía Federal. Lo invito a leer esa pericia: se limita a decir apriorísticamente que el explosivo estaba en un coche bomba Renault Trafic, que chocó contra la puerta y la pared externa de la AMIA en un ángulo de 45 grados, pero no menciona prueba alguna de ello.
Luego, la Gendarmería Nacional efectuó su propia pericia, pero partió de la base dogmática de que ya la Policía Federal había “demostrado” la existencia de la Trafic Renault…
El ex juez de Instrucción Dr. Juan José Galeano quiso estar seguro de este punto vital, y por ello encargó hacer una tercer pericia al Ing. Rodolfo Danesi, profesor e investigador de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), magíster en Ingeniería Civil (1967) por la Universidad de Rutgers (Nueva Jersey, USA) y doctor en Ingeniería (1977) por la Universidad de Londres y doctor honoris causa por la Universidad Nacional de Cuyo; es además profesor emérito en la Universidad Nacional de Tucumán, académico correspondiente de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, académico titular de número de la Academia Nacional de Ingeniería, y titular fundador de la Academia Panamericana de Ingeniería.
El Ing. Danesi concluyó categóricamente que no existió un coche bomba y que la explosión se produjo entre un metro y un metro y medio adentro del edificio de la AMIA. Pero el ex juez Galeano, el mismo que había solicitado oficialmente esa pericia, la guardó bajo llave y jamás se la ha mencionado en las resoluciones del Juzgado y de los fiscales del caso.
Dicha pericia no está glosada en los cuerpos comunes de la causa AMIA, sino que se encuentra guardada en una carpeta aparte. Por ello y para leerla, deberá usted solicitarla expresamente en la Unidad Fiscal de Investigaciones de la causa AMIA. De lo contrario, no se la exhibirán y nadie se la mencionará.
Cuando me hice cargo de la defensa de los señores EDUL, ante tal grave y elemental irregularidad, solicité al fiscal Nisman que se le encargara al especialista en criminología Lic. Jorge Locles un examen comparativo detallado de las tres pericias existentes: la de la Policía Federal, la de Gendarmería Nacional y la de Danesi, y aportara sus conclusiones al Juzgado y a la Fiscalía. El Dr. Nisman se negó a ello aduciendo que era innecesario.
Contraté por mi cuenta a Locles, quien determinó en forma indubitable que la pericia correcta era la de Danesi, pues todo indicaba que no hubo coche bomba y que la explosión fue adentro de la sede de la mutual judía.
El fiscal Nisman se limitó a proveer: “Glósese”.
Estimo que éste de la existencia o no del coche bomba es el primer y principal asunto a investigar ahora, si realmente se desea descubrir la verdad en la causa AMIA. Me permito sugerirle que, para ello, le será de suma utilidad la lectura de dos obras escritas y editadas en los primeros meses posteriores al atentado: uno es el libro de los periodistas Jorge Lanata y Joe Goldman, titulado “Cortinas de humo” (Ed. Planeta, 1994), y el otro el similar “Bajo los escombros”, de Gabriel Levinas (Ed. Sudamericana, 1998). Ambos tienen la ventaja de haber sido escritos ”sobre caliente”, cuando las presiones no eran tan fuertes como ahora, y ser obras de dos periodistas insospechadamente comprometidos con el descubrimiento de la verdad en el caso AMIA.
Al respecto, cabe decir que mi defendido Alberto Jacinto Kanoore EDUL fue imputado desde un primer momento de haber comprado a Telleldín la Trafic Renault supuestamente usada.
De ahí mi legítimo interés en que se profundice debidamente este tema central.
La investigación decisiva que vengo respetuosamente a proponer que usted impulse, es la de comprobar si en la vereda de la AMIA se encuentran enterrados los restos del coche bomba cuya existencia se ha dado por cierta sin tener prueba alguna en la mano.
Nadie ha visto jamás los restos del coche bomba aducido, que siempre quedan en la superficie: muy maltrechos, pero quedan el chasis, las llantas y cubiertas, los paragolpes, etc. Simultáneamente, hay numerosos testigos presenciales indubitables que aseguran que no hubo un cuche bomba (ver al respecto los dos libros mencionados).
Finalmente, en una conversación que mantuve con el perito de parte (DAIA) comandante de Gendarmería ® Osvaldo Laborda, éste me aseguró que no se observaron los restos de la Trafic (como sí se observan en todos los atentados con coche bomba) porque la potencia de la explosión los enterró en la vereda de la AMIA, a unos tres (3) metros bajo tierra. Al margen de la imposibilidad física de que haya sucedido tal “entierro”, solicité varias veces al Dr. Nisman que se usara un georadar, para comprobar si la Trafic está enterrada en la vereda de la mutual judía. El mismo pedido formulé a los sucesores del Dr. Nisman en la Fiscalía Especial AMIA, siempre sin resultado.
El georadar, según me han informado en las reparticiones públicas que lo poseen, es un moderno instrumento de investigación y búsqueda de metales enterrados, que posee gran precisión y penetrabilidad: llega a detectar metales existentes en hasta 30 metros bajo tierra. Además, su sistema permite ver en la pantalla la silueta del objeto metálico detectado, en este caso, la Trafic, si existe.
Aclaro que todo lo dicho consta en autos.
Para completar la información, agrego que el georadar es inocuo, no modifica el entorno en el que se lo usa y su tamaño no excede el de una máquina de cortar césped. Para mayor ilustración, acompaño una fotocopia de lo publicado por el diario LA NACIÓN el 5-3-12, en su página 13.
Según mis datos, en Buenos Aires hay tres georadares: uno lo posee la Policía Federal, otro la Gendarmería Nacional y el tercero la Municipalidad de la CABA.
Por todo ello, vengo a proponerle que usted disponga o impulse el uso de uno de esos georadares para averiguar si la Trafic está enterrada en la vereda de la AMIA, como una diligencia probatoria de alto interés para mi defendido y para la causa en general.
Le ruego aceptar, como un aporte más a su tarea, un ejemplar de mi libro “AMIA, Embajada: ¿Verdad o fraude?”, que edité en 2012 y ahora acompaño.
Con la confianza puesta en su labor de investigación y el deseo de colaborar con ella, lo saludo cordialmente y quedo a su disposición.
Juan Gabriel Labaké

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