Estos son una serie de artículos que vincular la realidad socio económica de Gualeguaychú a la luz de los acontecimientos internacionales que la afectan irremediablemente
GUALEGUAYCHU
ENTRE
LA SUBSISTENCIA Y LA INTEGRACIÓN
1. ORIGEN
DE LAS DESVENTURAS
a.
Así comenzó todo
La humanidad transita un
camino lleno de sinsabores, penurias y al final de cuentas, desesperanzas.
Es muy difícil, para el
hombre común, discernir las causas que originan desde hace siglos, tantas
desventuras.
En los últimos años, en
nuestra Patria, se habla permanentemente de la grieta que separa a los
argentinos de un lado o de otro.
Pero la problemática, es más
recóndita y antigua. Esa grieta se origina en un abismo que tiene siglos de
existencia.
Con el nacimiento de Cristo
se produce una mutación en el mundo, que lleva al hombre a poner todos sus
actos humanos, naturales, al servicio de una visión sobrenatural, en procura de
la salvación eterna.
Pero, ya con los filósofos
griegos observamos esta disputa que tanta aversión ha traído a los hombres a
través de los tiempos.
Esa fisura de la que tanto
se habla, ya tiene sus antecedentes en los tiempos de los filósofos griegos.
Platón era amante de la desinteresada e idealista filosofía universal, en tanto
que Aristóteles revelaba la realista y calculadora filosofía terrestre.
Desde siempre la puja por el
amor a Mammón (el dinero) trajo disputas entre los hombres comunes, pensadores,
comunidades y naciones.
Como lo analiza Héctor
Bardi, dos bandos en apariencias solo
opuestos por divergencias políticas, pasan a definir dos concepciones
filosóficas antagónicas de vivir el cristianismo, y en consecuencia de concebir
el orden social cristiano.
San Agustín afirma que todas
las cosas creadas provienen de Dios, y en efecto, el orden político imperante
debe estar acorde a la impronta que Dios le ha dado al mundo.
Por ello – San Agustín – se
debe obedecer el gobierno terrenal en tanto y en cuanto no contradiga los
dictados de la ley de Dios.
Siguiendo a Bardi, de la
misma manera se expresa el Papa Gelasio I (492-496), al referirse a la relación
entre la Ciudad
de Dios y la Ciudad
Terrena. Concibe dos poderes uno espiritual y otro temporal,
ambos nacidos de Dios, y para que cada uno en su ámbito de ocupen de sus
objetivos. Ambos se debían mutua obediencia, según fueren las cuestiones
divinas o terrenales.
“En
este viaje de alrededor de setenta años de cada uno de los seres humanos, el
Estado debía funcionar como una gran familia (la familia de las familias), y
viceversa, una familia debía funcionar como un pequeño Estado doméstico,
tomando ejemplo el uno del otro e interactuando así el continente (Estado) con
el contenido (familias), según lo expresado por el Derecho Romano.
Pero esta armonía
indisoluble que marcaba un tiempo de vasta concordia entre ambos poderes
divinos, se vio afectada visiblemente
por la resolución de un Papa posterior
Gelasio II (1118-1119), quien le confiere a la Iglesia (Ciudad de Dios) superioridad ontológica
sobre el Imperio (Ciudad Terrena).
Ello conlleva a una
alteración sustancial de la convivencia natural y sobrenatural, pues a partir
de ahora habrá un solo “puente de acceso a la vida eterna: la Iglesia. Por
ello, los Emperadores, reyes y luego presidentes, solo se ocuparán de los
problemas terrenales, y paulatinamente el hombre abandona esa filiación íntima
con Dios, el cuál estaba presente en todos los actos de su vida. Ahora lo
cotidiano es una cosa y lo divino otra.
Y este absurdo concebido por
Gelasio II se transforma en el germen originario del liberalismo actual que tanto daño ha hecho a la humanidad.
Toda esta sucesión de hechos
va acompañado, simultáneamente, - siguiendo a Bardi – de los miembros de dos
familias (casas) germánicas pretendientes al trono imperial de Alemania: los
welfos (güelfos) y los waiblingen (gibelinos).
Los gibelinos apoyaban al
emperador en su intento de establecer un poder centralizado sobre todo el país
y los güelfos defendían las libertades comunales apoyados por el Papa.
A partir de esta lucha
encarnizada entre güelfos y gibelinos se va definiendo una contienda que es
económica y luego financiera que marcará el destino de la humanidad.
Esto fue, sin dudas, un
obsequio filosófico y teológico que aprovecharon al máximo los güelfos
uniéndose a la Iglesia para debilitar el Imperio, pero luego también caería la
Iglesia en su lucha contra el Imperio.
El güelfismo tuvo su
expresión más fiel en el calvinismo quien concibe la inmortalidad como un don
gratuito dado por Dios as los hombres, solo a aquellos que se exasperen por
lograr éxito en sus negocios.
Lo que en la Edad Media
constituían los justos tributos que se cobraba a los vasallos, a los cuales el
Señor Feudal protegía con firmeza y le iba dando la posibilidad de
transformarse en propietario se trasforman a partir de 1694 – creación del
Banco de Inglaterra - en la inmorales e
injustas deudas externas.
Estas deudas externas se
trasformaron en los antiguos justo tributos en tributos ilícitos e inmorales
impuestos por los corruptos banqueros con la anuencia de economistas truhanes
De esta esclavitud y
servidumbre nadie habla!
Derecha e izquierda hacen y
defienden el imperialismo de la usura!
Las comunidades y las
naciones sólo pueden emitir su dinero si el mismo está “respaldado” en las
divisas que desde 1694 (fundación del Banco de Inglaterra) y desde 1913
(Reserva Federal de Estados Unidos) emiten los usureros financieros con la
complicidad de los políticos.
No hay desatino y torpeza
mayor cuando se escucha hablar de la necesidad de las reservas.
Todo esto es invención
inaceptable en una sociedad orgánica que piensa - ¡en serio! – por los
intereses de la comunidad y de la Patria.
b.
Promotores del abismo
Si bien lo analizado y
expuesto en la introducción sobre el accionar de Gelasio II, es evidente que se
han producido acontecimientos a través de los tiempos que han llevado a
consolidar el abismo.
Ese medioevo del que
hacíamos referencia finaliza con un floreciente renacimiento cristiano. Era el
momento culminante en el cuál podíamos hablar con precisión de Cristiandad pues
la impronta que movilizaba al hombre y al
mundo ponía a Dios en el centro de la escena.
Existía una armonía profunda
entre la vida espiritual y la vida
material, subordinándose ésta última a la búsqueda del espíritu emanado de
Dios.
Lejos estaban los tiempos
del consumismo, del proletariado, del egoísmo, de la puja incesante por las
riquezas y de la lucha encarnizada entre los seres humanos.
Santo Tomás San Francisco,
Dante y otros marcan a fuego esta época perenne de la humanidad.
El humanismo en la alta Edad
Media venera la antigüedad clásica griega y latina, era profundamente cristino.
En el siglo XIV Guillermo de
Ockam separa la razón de la fe, por lo cuál ninguna cuestión teológica se puede
demostrar por la razón.
La
teología no es ciencia racional, Dios no interesa a la filosofía, la razón sin
ligazón con la teología se separa de de la revelación, tan unidas en el escolasticismo,
ahora son autónomas, lo analiza Adriano Pietra.
Ockam profundiza la
controversia entre realistas y nominalistas
Los realistas afirman que
los universales poseen una realidad independiente del individuo.
Los
nominalistas reconocen solamente la existencia de los individuos.
Ockam,
nominalista, afirma que todo lo real es individual, y los géneros y las
especies no son nada fuera del pensamiento.
Siguiendo
a Pietra, al cambiar esa visión cristiana de la vida, aparece una nueva
conciencia, donde se confunde la natural con lo sobrenatural, se acentúa la
presencia de lo divino en lo humano y en la naturaleza, casi hasta hacer a Dios
inmanente en las cosas, que está dentro de las cosas, que es la cosa misma.
El
Renacimiento es la afirmación, lo inclina hacia la vida operante, obra y
colabora para la constricción de la ciudad terrena.
Primero
Dios divinizó al hombre, ahora el hombre humaniza a Dios.
Estas transformaciones
provocaron dos hechos significativos. Por un lado el orgullo y el deleite de
los sentidos y por otro, las ansias de satisfacciones materiales.
Ese
amor por el yo, - siempre con Pietra - trae aparejado la acedia que es un
relajamiento del alma, un desinterés por el espíritu, proclama felices a las
gentes del mundo y acusa a Dios de ser despiadado y sin amor por el hombre: es
el descuido por la salmodia, debilidad en la oración, una aplicación
infatigable a las preocupaciones exteriores, una preocupación por el trabajo de
las manos, una disposición por la desobediencia.
La esencia de la Reforma es un gran
decaimiento de la Fe.
Lucero, principal gestor, no
enmendó, ni corrigió ni solucionó, sino que destruyó y dividió.
Tanto el Renacimiento como la Reforma están en plena
revolución pues legalizan la usura, el abandono del justo precio consintiendo
en otorgar libertad irrestricta cuyo corolario fue la libre competencia, de
publicidad, liberalismo socialismo, marxismo.
No es el objetivo de este
trabajo, pero en tiempos en que la Iglesia
Católica quiere festejar los quinientos años de Lucero,
podemos afirmar que todos sus presupuestos son expeditamente refutables, pero
lo asombroso es que, como el marxismo, se ha introducido aviesamente en la
jerarquía y laicos de la
Iglesia , solo para destruirla.
Lutero elabora su propia
doctrina, alimentado por el humanismo y la ciencia más que por la fe
sobrenatural.
El
evangelio dice: “Ten confianza y cree”. El Señor ha dicho: “Estoy en medio de
vosotros como un servidor”. ¡Ah! Responde Lutero: Salvador del hombre yo te
tomo a mi servicio. . . Dios entonces no será más que un aliado, cooperador, un
poderoso compañero.
Se mueve con una teología
llena de fábulas, y fabrica un evangelio que pone el centro no en Dios sino en
el hombre.
Maritain – en sus buenos
tiempos – dice que Lutero provocó y sigue provocando hecatombes, y roerá todas
las oposiciones; el conflicto protestante no se concibe en un orden de cosas
respetuoso de las realidades espirituales, y el modernismo es el que trata de
introducir en la conciencia católica ese desorden y confusión.
Calvino fue otros de los
inspiradores de esta Reforma. Se ganó la simpatía de la burguesía al inspirar
una flexibilidad económica inexistente hasta entonces.
En primer lugar, no hay en
las Escrituras testimonio, por el cuál toda usura es totalmente condenada . .
. sería deseable que echen las usuras
fuera del mundo y que sea borrado su nombre, pero como esto es imposible, hay
que ceder a la utilidad común . . . . no reconozco que las usuras sean
sencillamente prohibidas sino cuando sean contrarias a la equidad.
Roberto E. Franco
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