jueves, 14 de marzo de 2019

a. Así comenzó todo


Estos son una serie de artículos que vincular la realidad socio económica de Gualeguaychú a la luz de los acontecimientos internacionales que la afectan irremediablemente


GUALEGUAYCHU
ENTRE LA SUBSISTENCIA Y LA INTEGRACIÓN
1. ORIGEN DE LAS DESVENTURAS
a. Así comenzó todo
La humanidad transita un camino lleno de sinsabores, penurias y al final de cuentas, desesperanzas.
Es muy difícil, para el hombre común, discernir las causas que originan desde hace siglos, tantas desventuras.
En los últimos años, en nuestra Patria, se habla permanentemente de la grieta que separa a los argentinos de un lado o de otro.
Pero la problemática, es más recóndita y antigua. Esa grieta se origina en un abismo que tiene siglos de existencia.
Con el nacimiento de Cristo se produce una mutación en el mundo, que lleva al hombre a poner todos sus actos humanos, naturales, al servicio de una visión sobrenatural, en procura de la salvación eterna.
Pero, ya con los filósofos griegos observamos esta disputa que tanta aversión ha traído a los hombres a través de los tiempos.
Esa fisura de la que tanto se habla, ya tiene sus antecedentes en los tiempos de los filósofos griegos. Platón era amante de la desinteresada e idealista filosofía universal, en tanto que Aristóteles revelaba la realista y calculadora filosofía terrestre.
Desde siempre la puja por el amor a Mammón (el dinero) trajo disputas entre los hombres comunes, pensadores, comunidades y naciones.
Como lo analiza Héctor Bardi, dos bandos en apariencias solo opuestos por divergencias políticas, pasan a definir dos concepciones filosóficas antagónicas de vivir el cristianismo, y en consecuencia de concebir el orden social cristiano. 
San Agustín afirma que todas las cosas creadas provienen de Dios, y en efecto, el orden político imperante debe estar acorde a la impronta que Dios le ha dado al mundo.
Por ello – San Agustín – se debe obedecer el gobierno terrenal en tanto y en cuanto no contradiga los dictados de la ley de Dios.
Siguiendo a Bardi, de la misma manera se expresa el Papa Gelasio I (492-496), al referirse a la relación entre la Ciudad de Dios y la Ciudad Terrena. Concibe dos poderes uno espiritual y otro temporal, ambos nacidos de Dios, y para que cada uno en su ámbito de ocupen de sus objetivos. Ambos se debían mutua obediencia, según fueren las cuestiones divinas o terrenales.
“En este viaje de alrededor de setenta años de cada uno de los seres humanos, el Estado debía funcionar como una gran familia (la familia de las familias), y viceversa, una familia debía funcionar como un pequeño Estado doméstico, tomando ejemplo el uno del otro e interactuando así el continente (Estado) con el contenido (familias), según lo expresado por el Derecho Romano.
Pero esta armonía indisoluble que marcaba un tiempo de vasta concordia entre ambos poderes divinos,  se vio afectada visiblemente por la resolución de un Papa posterior  Gelasio II (1118-1119), quien le confiere  a la Iglesia (Ciudad de Dios) superioridad ontológica sobre el Imperio (Ciudad Terrena).
Ello conlleva a una alteración sustancial de la convivencia natural y sobrenatural, pues a partir de ahora habrá un solo “puente de acceso a la vida eterna: la Iglesia. Por ello, los Emperadores, reyes y luego presidentes, solo se ocuparán de los problemas terrenales, y paulatinamente el hombre abandona esa filiación íntima con Dios, el cuál estaba presente en todos los actos de su vida. Ahora lo cotidiano es una cosa y lo divino otra.
Y este absurdo concebido por Gelasio II se transforma en el germen originario del liberalismo actual que tanto daño ha hecho a la humanidad.
Toda esta sucesión de hechos va acompañado, simultáneamente, - siguiendo a Bardi – de los miembros de dos familias (casas) germánicas pretendientes al trono imperial de Alemania: los welfos (güelfos) y los waiblingen (gibelinos).
Los gibelinos apoyaban al emperador en su intento de establecer un poder centralizado sobre todo el país y los güelfos defendían las libertades comunales apoyados por el Papa.
A partir de esta lucha encarnizada entre güelfos y gibelinos se va definiendo una contienda que es económica y luego financiera que marcará el destino de la humanidad.
Esto fue, sin dudas, un obsequio filosófico y teológico que aprovecharon al máximo los güelfos uniéndose a la Iglesia para debilitar el Imperio, pero luego también caería la Iglesia en su lucha contra el Imperio.
El güelfismo tuvo su expresión más fiel en el calvinismo quien concibe la inmortalidad como un don gratuito dado por Dios as los hombres, solo a aquellos que se exasperen por lograr éxito en sus negocios.
Lo que en la Edad Media constituían los justos tributos que se cobraba a los vasallos, a los cuales el Señor Feudal protegía con firmeza y le iba dando la posibilidad de transformarse en propietario se trasforman a partir de 1694 – creación del Banco de Inglaterra -  en la inmorales e injustas deudas externas.
Estas deudas externas se trasformaron en los antiguos justo tributos en tributos ilícitos e inmorales impuestos por los corruptos banqueros con la anuencia de economistas truhanes
De esta esclavitud y servidumbre nadie habla!
Derecha e izquierda hacen y defienden el imperialismo de la usura!
Las comunidades y las naciones sólo pueden emitir su dinero si el mismo está “respaldado” en las divisas que desde 1694 (fundación del Banco de Inglaterra) y desde 1913 (Reserva Federal de Estados Unidos) emiten los usureros financieros con la complicidad de los políticos.
No hay desatino y torpeza mayor cuando se escucha hablar de la necesidad de las reservas.
Todo esto es invención inaceptable en una sociedad orgánica que piensa - ¡en serio! – por los intereses de la comunidad y de la Patria.

b. Promotores del abismo
Si bien lo analizado y expuesto en la introducción sobre el accionar de Gelasio II, es evidente que se han producido acontecimientos a través de los tiempos que han llevado a consolidar el abismo.
Ese medioevo del que hacíamos referencia finaliza con un floreciente renacimiento cristiano. Era el momento culminante en el cuál podíamos hablar con precisión de Cristiandad pues la impronta que movilizaba al hombre y al  mundo ponía a Dios en el centro de la escena.
Existía una armonía profunda entre la vida  espiritual y la vida material, subordinándose ésta última a la búsqueda del espíritu emanado de Dios.
Lejos estaban los tiempos del consumismo, del proletariado, del egoísmo, de la puja incesante por las riquezas y de la lucha encarnizada entre los seres humanos.
Santo Tomás San Francisco, Dante y otros marcan a fuego esta época perenne de la humanidad.
El humanismo en la alta Edad Media venera la antigüedad clásica griega y latina, era profundamente cristino.
En el siglo XIV Guillermo de Ockam separa la razón de la fe, por lo cuál ninguna cuestión teológica se puede demostrar por la razón.
La teología no es ciencia racional, Dios no interesa a la filosofía, la razón sin ligazón con la teología se separa de de la revelación, tan unidas en el escolasticismo, ahora son autónomas, lo analiza Adriano Pietra.  
Ockam profundiza la controversia entre realistas y nominalistas
Los realistas afirman que los universales poseen una realidad independiente del individuo.
Los nominalistas reconocen solamente la existencia de los individuos.
Ockam, nominalista, afirma que todo lo real es individual, y los géneros y las especies no son nada fuera del pensamiento.
Siguiendo a Pietra, al cambiar esa visión cristiana de la vida, aparece una nueva conciencia, donde se confunde la natural con lo sobrenatural, se acentúa la presencia de lo divino en lo humano y en la naturaleza, casi hasta hacer a Dios inmanente en las cosas, que está dentro de las cosas, que es la cosa misma.
El Renacimiento es la afirmación, lo inclina hacia la vida operante, obra y colabora para la constricción de la ciudad terrena.
Primero Dios divinizó al hombre, ahora el hombre humaniza a Dios.
Estas transformaciones provocaron dos hechos significativos. Por un lado el orgullo y el deleite de los sentidos y por otro, las ansias de satisfacciones materiales.
Ese amor por el yo, - siempre con Pietra - trae aparejado la acedia que es un relajamiento del alma, un desinterés por el espíritu, proclama felices a las gentes del mundo y acusa a Dios de ser despiadado y sin amor por el hombre: es el descuido por la salmodia, debilidad en la oración, una aplicación infatigable a las preocupaciones exteriores, una preocupación por el trabajo de las manos, una disposición por la desobediencia.
La Reforma se produce luego de un largo encadenamiento de causas, donde la apatía y frialdad cristiana fueron el caldo de cultivo.
La esencia de la Reforma es un gran decaimiento de la Fe.
Lucero, principal gestor, no enmendó, ni corrigió ni solucionó, sino que destruyó y dividió.
Tanto el Renacimiento como la Reforma están en plena revolución pues legalizan la usura, el abandono del justo precio consintiendo en otorgar libertad irrestricta cuyo corolario fue la libre competencia, de publicidad, liberalismo socialismo, marxismo.        
No es el objetivo de este trabajo, pero en tiempos en que la Iglesia Católica quiere festejar los quinientos años de Lucero, podemos afirmar que todos sus presupuestos son expeditamente refutables, pero lo asombroso es que, como el marxismo, se ha introducido aviesamente en la jerarquía y laicos de la Iglesia, solo para destruirla.
Lutero elabora su propia doctrina, alimentado por el humanismo y la ciencia más que por la fe sobrenatural.
El evangelio dice: “Ten confianza y cree”. El Señor ha dicho: “Estoy en medio de vosotros como un servidor”. ¡Ah! Responde Lutero: Salvador del hombre yo te tomo a mi servicio. . . Dios entonces no será más que un aliado, cooperador, un poderoso compañero.
Se mueve con una teología llena de fábulas, y fabrica un evangelio que pone el centro no en Dios sino en el hombre.
Maritain – en sus buenos tiempos – dice que Lutero provocó y sigue provocando hecatombes, y roerá todas las oposiciones; el conflicto protestante no se concibe en un orden de cosas respetuoso de las realidades espirituales, y el modernismo es el que trata de introducir en la conciencia católica ese desorden y confusión.
Calvino fue otros de los inspiradores de esta Reforma. Se ganó la simpatía de la burguesía al inspirar una flexibilidad económica inexistente hasta entonces.
En primer lugar, no hay en las Escrituras testimonio, por el cuál toda usura es totalmente condenada . . .  sería deseable que echen las usuras fuera del mundo y que sea borrado su nombre, pero como esto es imposible, hay que ceder a la utilidad común . . . . no reconozco que las usuras sean sencillamente prohibidas sino cuando sean contrarias a la equidad.   
                                                                                                                   Roberto E. Franco


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