jueves, 19 de marzo de 2020

Lo barrios bajos del Papa Francisco, el Vaticano cerrado y la vuelta a las entrevistas, Requiem aeternam dona eis Domine.


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Está pasando el primer momento de desconcierto por la cuarentena nacional que estamos viviendo en muchos países europeos y ya empezamos a tener temas sustanciosos que van más allá de constatar las andanzas del virus coronado. La cabra tira el monte y el Papa Francisco vuelve a las andadas y después de la reclusión inicial y de las tímidas apariciones institucionales pasamos a contar con una nueva intensidad en la presencia pública. Los discursos oficiales no causan polémica, lo sabemos desde hace años, la polémica viene de las intervenciones en directo, al estilo de las ruedas de prensa de altura, en donde el Papa Francisco se muestra tal como es.
Ayer teníamos entrevista en ‘La Reppublica’ , diario de cabecera del Papa Francisco y hoy tenemos anuncio de entrevista en un canal español, conocido como ‘la secta’ y que se caracteriza por atacar continuamente a la Iglesia a tiempo y a destiempo y ridiculizar todo lo que huele a católico. El Papa Francisco ha ensalzado al conocido presentador italiano Fabio Fazio que dirige y presenta el programa “Che tempo che fa”. La indignación y las bromas se han desatado en la red y muchos se preguntan si tendremos un programa del Papa Francisco con consejos prácticos para las familias, siguiendo el modelo de las De Filippi o d ‘Urso (presentadoras tv de talkhows italianas).
Hoy ya contamos con comentarios a la entrevista de ‘La Reppublica’ que no son precisamente muy elogiosos. La referencia a quien no paga los impuestos «es un crimen porque extrae recursos a la sanidad y así muere más gente» considerada peligrosa para el papa, puesto que la Santa Sede es vista como el mayor evasor fiscal de bienes inmuebles y actividades económicas en Italia. También hay otra parte de la entrevista con consejos  para no desperdiciar estos días en tiempos de coronavirus. Se trata de indicaciones banales, pegadas a la tierra, (siempre con el modelo de las transmisiones populares de las d’Urso y De Filippi), y aconseja ocuparse de las pequeñas cosas, llamarse por teléfono, acariciarse, abrazarse … ( ¿Y no habían pedido dejar de abrazarse, por precaución en la epidemia?) Sentirse frente a la chimenea con la familia, preparar un plato caliente … No sabemos que  hubieran sugerido Juan Pablo II o Benedicto XVI pero estamos seguros de que habrían pedido rezar el Santo Rosario en familia, rezar el Via Crucis, rezar la coronilla de la Misericordia Divina, rezar novenas, etc. Será que cada uno da lo que tiene y aquí nos hemos quedado en el abrazote y el plato caliente … No sabemos cuantas  son las familias frecuenta el santo padre para decir que «parecían monjes aislados uno del otro» y para indicarnos «protocolos de atención a los detalles hacen que la vida tenga sentido». No deja de ser curiosa esta forma de hablar sobre el  «sentido de la vida» y más en tiempos donde se muere por contagio y tantas familias están sufriendo la presencia de la muerte.
Una conocida periodista nos recomienda esta ‘oración’:  «Santo Padre, recemos para evitar su presencia fuera de lugar, inflada e hiperbólica en los medios. Sería un daño para todos, para ti, querido Santo Padre y para la humanidad misma que te mira a cada momento».
Muchos novelistas han publicado historias en las que un virus mortal amenaza con aniquilar a los habitantes de la tierra. En las novelas, como en las películas, un pequeño grupo de personas lucha desesperado, hasta el punto de derrotar al virus. La realidad a la que nos enfrentamos supera a la ciencia ficción porque los gobiernos de todo el mundo navegan en la oscuridad absoluta. Los únicos héroes se encuentran en los hospitales donde intentan salvar lo posible.
Lo que estamos experimentando es una señal fuerte que debería hacernos reflexionar, evitando difundir consignas idiotas. Pensar que esto se arreglará poniéndose debajo de una bandera del arcoíris y gritando «todo estará bien» es pura imbecilidad mediática. La pandemia de coronavirus enseña que la economía no es más importante que la salud en el mundo globalizado. No sabemos, al menos hasta hoy, si el virus es causado por los hábitos de cocción de ciertos chinos o por un laboratorio de Wuhan. La pandemia más devastadora, la peste negra, que se extendió a mediados del siglo XIV en toda Europa, fue importada, por coincidencia, de China.  En el siglo XIV además de imponer cuarentena, rezaban. Por respeto a las víctimas, no tocaron el laúd ni gritaron frases idiotas desde las ventanas. La fe en Dios permitió a los europeos no rendirse ante una pandemia que eliminó al 30% de la población europea y asiática. Europa se recuperó, continuando con el desarrollo que el mundo todavía hoy envidia. Nosotros, si por accidente tenemos las mismas tasas de mortalidad, ¿qué haremos? ¿Seguiremos jugando felices en los balcones? ¿Y qué hará el obispo de Roma, otro paseo con los guardaespaldas y los fotógrafos en via del Corso como un laico vestido de blanco? Y Dios, ¿lo olvidamos? Por ahora vemos que el virus no termina con la plaga de imbéciles ni está haciendo crecer la fe.
Los católicos tenemos un alto concepto de lo que es y significa un obispo y mucho más el papa. Caer en ambientes barriobajeros no ayuda mucho a que sigamos manteniendo esta idea. Son momentos miras altas y de grandeza de corazón pero por desgracia vemos que la cabra tira al monte y quizás esto no tiene otra solución que cambiar la cabra por otra cosa. Será por esto, o vete a saber, que ya alguno se plantea cómo podría ser un cónclave en tiempos de epidemia. La dificultad para reunirse los que queden, no haría fácil las cosas. La conclusión es que tres hacen colegio, que aunque no lo dicen los papeles es norma universal. Estamos en tiempos en los que las normas pensadas para tiempos pasados se resquebrajan sin piedad.
En Italia ya pasamos de tres mil muertos por el virus y la cosa no para. Por desgracia esto se extenderá y crecerá en todo el mundo y muchos están muriendo sin el auxilio de los sacramentos y sin una Misa de Requiem. Bueno será que los recordemos en nuestra oración sobre todo en el día de San Jose, abogado de la buena muerte:
Requiem aeternam dona eis, Domine,
et lux perpetua luceat eis.
Te decet hymnus Deus, in Sion,
et tibi reddetur votum in Jerusalem.
Exaudi orationem meam;
ad te omnis caro veniet.
Requiem aeternam dona eis, Domine
et lux perpetua luceat eis.
«Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.»
Buena lectura.

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