jueves, 28 de mayo de 2020

Quiero ser arzobispa


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Esta última semana hemos podido leer en algunos medios, de tendencia progresista, que una tal Anne Soupa, mujer casada y con cuatro hijos, presenta su candidatura a suceder al cardenal Barbarin al frente de la archidiócesis de Lyon.

Al margen de lo delirante de la cuestión, parecida a que yo mañana me presente para suceder a Francisco al frente de la Iglesia, el hecho deja traslucir, a mi juicio, un fuerte clericalismo.
En una entrevista que ha publicado en español Religión Digital, uno de los medios que ha puesto en el escaparate a esta señora de la que no conocíamos su existencia, Soupa explica los motivos por los que ha dado este paso.
“En su carta “Evangelii Gaudium”, el Papa Francisco pidió más medidas en la lucha contra el clericalismo. También pidió una mejor distinción entre funciones administrativas y sacramentales. El liderazgo de una diócesis también incluye tareas espirituales. Estos también pueden ser realizados por laicos, hombres o mujeres. La Iglesia en Francia, hasta ahora, no ha tomado ninguna medida contra el clericalismo. Nuestra iglesia simplemente sigue con el mismo modelo, a pesar de que no funciona”, dice Soupa.
No puedo estar más de acuerdo con el Papa Francisco en señalar el clericalismo como uno de los males que sacuden nuestra Iglesia. Y todo lo que rodea esta ‘candidatura’ es, precisamente, una forma de ver las cosas de lo más clerical. Una visión de la Iglesia empresarial, una estructura con codiciados puestos de poder con los que mirar a los fieles desde arriba. No, querida señora, no. Los obispos son los sucesores de los apóstoles, no son CEO’s de una empresa.
“Espero que la iglesia tome conciencia de los agravios. Las mujeres somos las grandes perdedoras en la Iglesia hoy. La situación de las mujeres en la iglesia es escandalosa. Quiero que las mujeres se den cuenta y pregunten: ¿por qué no yo? ¿Por qué no puedo ser obispo?”, ha manifestado en la misma entrevista.
¿Las grandes perdedoras en la Iglesia? ¿Es escandalosa la situación? Claro, eso es porque la visión clerical de la Iglesia te lleva a identificarla con solideos y mitras, y la Iglesia también son cunas y pañales. “¿Por qué no puedo ser obispo?”, se pregunta, y la respuesta es fácil: porque así lo quiso Jesucristo, Dios hecho hombre, que fundó la Iglesia, por cierto.
Pero no quiero entrar en disquisiciones teológicas. Simplemente observando los argumentos, se vislumbra un desprecio al papel “perdedor” de los laicos o de las religiosas y una visión de la labor pastoral desde la óptica del poder y la superioridad. Tras las opiniones de esta señora, de la que no dudo su buena intención, subyace una perspectiva mundana de la Iglesia. Una enorme estructura burocratizada con puestos a los que ascender.

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