
| 03 junio, 2020
Han pasado, sin gran ruido y con un malestar social creciente, las celebraciones del día de la república en Italia y volvemos a una cierta normalidad. En Italia hay prisa por retomar la actividad a pesar de que la epidemia no esta superada, ni mucho menos, pero urge reabrir para no morir de hambre. El turismo desaparecido, el comercio cerrado, amplios sectores sufriendo reajustes impensables hace unos meses y una comunidad europea que ayuda pero cobra y además con intereses, están haciéndonos entrar en un mundo imposible que tiene un gran riesgo de conflictos sociales.
Nuestros gobernantes no están pensados para tiempos de guerra y están demostrando la inutilidad para gestionar lo imprevisto y devolver la ilusión en momentos de incertidumbre. En la Iglesia vivimos un momento de fin de etapa muy claro. Todo el cambio que nació y creció a la sombra del último concilio se ha agotado. Podemos pensar que estamos ante un concilio fallido que ha traído el periodo más oscuro de la historia del cristianismo o podemos pensar que el concilio lo único que hace es destapar una realidad escondida que estaba anidando y creciendo en el seno de la iglesia católica y que encontró en los tiempos conciliares el momento para hacerse más visible. Basta leer las encíclicas de los papas de finales del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX para darnos cuenta de que lo estamos sufriendo no nace ex novo en los años 60 sino que es la evolución lógica y avisada de procesos ya iniciados antes.
Todo lo que termina se resiste a morir y lo hace de malas maneras. Las casas se arruinan y se van cayendo a pedazos, empiezan por poco y terminan cayendo con estrépito. El momento de derrumbe ha llegado y todo se desmorona. Hay materiales nobles y buenos cimientos que permitirán renacer y pensamos que ese tiempo ha llegado. Son muchas personas e instituciones que están salvaguardando la nobleza de tantos elementos doctrinales y litúrgicos que se están salvando del derribo. Los cimientos son sólidos y sobrenaturales y sobre ellos hay que volver para que el edificio retome su elegancia y fortaleza. La peste está acelerando este proceso y en pocos meses estamos viviendo lo que hubiéramos tardado años.
El presidente de Estados Unidos ha visitado el santuario de San Juan Pablo II en Washington. Es una visita privada que completa la realizada unas horas antes a una iglesia dañada por los ‘antifa’ y la izquierda radical con un estilo demasiado conocido en todo el mundo, muy especialmente en el país Vasco y Cataluña en España, en los movimientos financiados por el hermano Soros. Ha querido rezar unos minutos ante la imagen del papa Santo y respetuosamente, recordemos que no es católico, ante el Santísimo arrodillado junto a su mujer. Pocos dirigentes políticos se atreven a tanto en estos momentos y Trump es plenamente consciente de la importancia de libertad religiosa como fundamento de una sociedad libre. La pretendida religión universal de diseño tendría como consecuencia lógica su obligatoriedad para todo el mundo pasando a ser la ‘única verdadera’ y por tanto la única posible legalmente, cualquier otra forma de entender el hecho religioso sería considerada ‘herética’ y sus defensores condenados por irracionales y locos. El mismo camino seguiría irremediablemente la libertad política. Trump es el mayor enemigo visible del Nuevo Orden Mundial y, lo que más fastidia, es que además está orgulloso de serlo.
El obispo de Washington está enfadado, Spadaro también y James Martin también, por lo que llama utilización de la religión. Los católicos americanos votan masivamente al presidente Trump y no están con el mitrado de Washington, ni con este, ni con toda la serie de macarristas que predican los mundos multicolores, ni con los mariachis, todo ello una excelente señal del acierto de Trump. Es evidente que esto lo sabe muy bien Trump y que ha querido tener un gesto de cercanía con los católicos pero no con sus obispos ni sus cortes. Tenemos la impresión de que los católicos también piensan lo mismo. Al Papa Francisco no le gusta Trump y todo lo que significa, y no lo esconde. Soros está encantado con el Papa Francisco, los masones lo felicitan, los ‘antifa’ lo consideran de los suyos, es lo que hay y empieza a tener sus consecuencias.
Una muestra del caos que se vive en los sacros palacios es las apariciones y desapariciones de artículos en sus desordenados ‘Vatican media’. La «pandemia» de coronavirus no fue enviada por Dios, sin embargo, «Jesús está de acuerdo con esta explosión natural» y «el mundo no puede seguir como antes». Son afirmaciones de un desconocido jesuita español publicadas y retiradas en los medios oficiales a posteriori. Es «absurdo pedir milagros» porque «los fenómenos naturales actúan independientemente de nuestros deseos». Los que hablan del coronavirus como un castigo divino «nunca han conocido a Jesús y están en el Antiguo Testamento», pero Cristo «está de acuerdo» con la pandemia. Tal locura parece excesiva incluso para el caótico Vaticano actual. Ya el 13 de mayo nos había ofrecido otra sesuda reflexión declarando que Dios no es «omnipotente» fuera del «reino del amor».
Hoy es noticia que 1,600 personas han reservado para visitar los museos del Vaticano, lo harán en grupos de no más de 10 y con medidas de control de temperatura. La media pre peste de visitas era de más de 20.000 al día. Un dato que nos puede hacer entender la catástrofe económica y sus consecuencias, con esto no nos llega ni para la factura de la luz. Los museos abren pero las audiencias del papa francisco siguen ‘on line’ a puerta cerrada. Nada impide que podamos tener celebraciones o encuentros con las mismas medidas sanitarias de los museos pero en un caso parece muy urgente, hay que empezar a hacer caja, y en el otro las preocupaciones son otras. Seguimos viendo el miedo tremendo por evitar todo posible contagio al Papa Francisco. Una audiencia en el Aula Pablo VI, con todas las garantías, puede llegar sin problemas a 2.000 personas. Iremos viendo que sucede pero nos tememos que el aislamiento se prolongará y la agenda de 2020 seguirá vacía.
Siguen la noticias sobre Enzo Bianchi y el monasterio de Bosé sin aportar especiales novedades y sin salir de la perplejidad ante lo que está sucediendo. Algunos artículos sobre la nueva normativa de contratos en el Vaticano. Al cardenal Sepe de Nápoles se le termina la prorroga de dos años extras. El limosnero pone a disposición de los pobres de Roma una, solo una, ambulancia, las duchas por lo menos son dos.
«Estáis equivocados, porque no entendéis la Escritura ni el poder de Dios».
Buena lectura.
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