lunes, 30 de enero de 2023

ASAMBLEA COMUNITARIA

 

Leía con atención una invitación a asamblea comunitaria del Centro de Almaceneros de Concepción del Uruguay, donde convocan a instituciones y ciudadanos en general a una reunión como consecuencia de la suba que ha dispuesto el gobierno provincial en la energía eléctrica.

Me parece oportuna esta iniciativa, la cuál debe ser continuada por un análisis exhaustivo de lo que sucede desde hace muchos años, digamos décadas con la disolución lenta, paulatina y programada de la trama social de la cuál tanto nos jactábamos en otros tiempos.

Coincido con el comunicado de esta gente angustiada, que sea con respeto, pero que no sea solo un reclamo, sino que se investiguen la causas de este problema que cada día se hace más opresivo.

Lo que sucede en la ciudad vecina debería ser ejemplo para otras como la nuestra, donde existen infinidad de instituciones, tarea propia de la Corporación del Desarrollo de Gualeguaychú, a fin de investigar, diagnosticar, evaluar y proponer soluciones integrales al problema.

La energía eléctrica no es más que una parte del todo.

Como decía Platón hay que distinguir cada hipótesis (una parte) y unir en la hipótesis superior (el todo) que tiende al Bien y la Verdad.

¿Es viable una comunidad en la cual –según el PBI - en medio siglo la renta al campo (con una pavorosa concentración en pocas manos) haya caído 7 puntos, la representatividad del salario haya caído a la mitad y el beneficio al capital se haya incrementado más de 3 veces, llevándose un 21,6 % del producto bruto?

En pocas palabras eso se llama concentración y no local, ni nacional, sino multinacional.

No son capitales de una patria u otra, son capitales nacidos de la nada que lenta pero firmemente se han ido apoderando de los recursos, y hoy ya lo manifiestan con suficiencia.

Mil veces lo he escrito y demostrado. La deuda externa no es más que la forma subliminal de aplicar el imperialismo de la usura, para apoderase de los recursos de las naciones.

Pero, claro, no educamos y en consecuencia no investigamos y al final de cuentas no llegamos a discernir cual es la causa del problema.

La solución no está en seguir meneando a estos “economistas y filósofos” paridos en las universidades adláteres al Foro de Davos, las Naciones Unidades, de los cuales uno de esos partos produjo la Agenda 2030 de la cual se habla, se defiende, se invoca y se pontifica.

¿Pero, se sabe en profundidad que significa y a que intereses responde?

Ahora bien, no se debe culpar a otros que padecen los mismos problemas, quizás con mejores perspectivas, pues seguro tendrán quienes luchan con más ahínco en favor de sus legítimos derechos.

Lo cierto es que los almaceneros, como tantas otras actividades legítimas de una comunidad son una parte esencial de la vida comunitaria, ahora en extinción, avasalladas por empresas que vienen, algunas, no se sabe ni de dónde, y se aprovechan de los exiguos ingresos de las familias.

Ya menos de un tercio de los ingresos regocija las cajas desiertas de los sacrificados comerciantes locales.

Nos hemos transformado en ciudades con “cobertizos acicalados” enormes, en los cuales los poderosos de siempre – blandiendo su poder financiero traído desde afuera - ejercitan sus beneficiosas actividades.

La solución no es pelearnos entre hermanos, sino bucear seriamente hasta encontrar las causas de este calvario para muchos.

Una asamblea no tiene que ser más que el punto inicial para incentivar a todas las instituciones competentes a que se aboquen a la búsqueda de las soluciones integrales por el Bien Común de la comunidad.   

                                                        Roberto E. Franco

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