La verdadera sabiduría del hombre frente al mandato divino de "Dominar la Tierra" se manifiesta en la justa adecuación de la Fe en lo revelado, el respeto de la naturaleza, y el acopio de la tradición. Todo proyectado en la búsqueda constante del bien común.
Desde su nacimiento el hombre debe ser dispuesto apropiadamente para poder sortear los obstáculos que a través de su vida se le presentan.
Pbro. Pedro Emilio Rojas
Desde su nacimiento el hombre debe ser dispuesto apropiadamente para poder sortear los obstáculos que a través de su vida se le presentan.
Al comienzo su responsabilidad es
nula y todo depende de sus padres para que pueda salir fortalecido en el
momento que comienza a manifestarse por
sus propios medios.
Da los primeros pasos, trata de
expresarse, procura alimentos por cuenta propia, etc.
De ahí deriva esencialmente la
importancia de la familia en los primeros tiempos de la vida del hombre, la que
se extiende a todo su existir.
Luego vendrá la escuela, a través
de la cual plasmará los primeros pasos en los conocimientos básicos y
elementales de las ciencias, todo ello dentro de un marco moral acorde con su
naturaleza y con las normas sociales básicas para poder vivir y desarrollarse en
un ambiente social, en el cuál la impronta debe ser, sin dudas, la solidaridad.
Su vida continuará en un nuevo ámbito educativo, donde seguirá
profundizando y ampliando su familiaridad con las ciencias, pero sin descuidar
esos valores morales y el respeto al orden natural, tan necesarios para que la
sociedad se alíe en una Nación en la que todos sus originarios convivan
armónica y solidariamente
De ahí emergerá el hombre con una
conformación física y espiritual, que será esencial para su futuro y para el de
la comunidad en la cuál está inserto.
Ese hombre germinado luego de
casi dos décadas de vida debe recibir los valores esenciales de su familia, los
valores básicos (orden espiritual –fe-,
orden histórico básico –tradición –, orden geográfico – terruño -) en
los primeros años escolares.
En los últimos años escolares
debe consolidar esos valores básicos y al mismo tiempo incorporar nuevos
conocimientos filosóficos, científicos y técnicos.
Al comenzar su emancipación, el
hombre, con una formación integral básica, emprende a recorrer el verdadero
sendero de la vida.
Según las posibilidades económicas
propias y de su familia su destino estará en los estudios universitarios, estudios
terciarios, el trabajo, o la vida familiar en el caso de las mujeres que
constituyen una familia y priorizan la procreación, el cuidado y la educación
de los hijos.
Decíamos que ese hombre,
ingresando en la juventud, que ha recibido la formación adecuada y equilibrada,
en cualquier ámbito que se desempeñe actuará libremente, pues ha tenido acceso
a la verdad, sabrá priorizar la contemplación sobre la acción.
El recogimiento se refiere al
ocio contemplativo. El que día a día lo va perfeccionando en la búsqueda de la
felicidad. Es todo lo contrario del desorden descontrolado al que es sujeto la
juventud, con el único objetivo de ganancias exultantes, sin tener en cuenta las
consecuencias futuras para el buen vivir comunitario.
Esa abstracción edificante le
permitirá encarar cualquier destino de la vida con la posibilidad de encontrar
la felicidad, con las limitaciones propias de la naturaleza del hombre.
Ahora bien, su futuro estará
determinado, en última instancia, por el entorno familiar y comunitario que le
permitirá construir convenientemente su destino.
Ese hábitat bajo todo punto de
vista siempre será condicionante e ineludible para su comportamiento social.
Sin dudas, existe una doble
problemática en el desempeño dentro de la vida social.
Por un lado, su formación
personal – a una de cuyas variantes nos referimos en este artículo – y por otro
ese ambiente en el cuál se va
integrando.
Siguiendo con esta cosmovisión
que estamos proponiendo y desarrollando, hemos llegado al estadio en que el
hombre se desenvuelve en forma independiente, combinando la vida familiar con
la vida social.
En la vida familiar debe procurarse las necesidades básicas como comida,
vestido y techo, entre otras. Es decir, debe satisfacer en forma imperiosa las
necesidades esenciales.
Para ello, como veremos luego, debe proveerse de un trabajo digno, el cuál
debe ser provisto por la misma comunidad.
Sobre el particular, expondremos
las consecuencias de la previsión o carencia de ese trabajo decoroso.
Por ello es imprescindible la
vida social del hombre, formado con una impronta solidaria y ética que le
permita asumir con responsabilidad su desempeño, en la vida económica desde dos
puntos de vista integrados entre sí.
El que provee el trabajo debe
hacerlo sabiendo que éste es el elemento esencial en la vida económica por
encima de los factores de producción como la naturaleza y el capital.
De nada sirve “capacitar”,
“instruir” sobre responsabilidad social
empresaria y tantas otras proposiciones de esta época, sino se toma conciencia de una aptitud
solidaria que nace y se desarrolla con el hombre.
En la vida social, por lo dicho
anteriormente, accede a la escuela, a entidades intermedias, a la recreación, y
sobre éste al ocio, al deleite del espíritu, y por último, ineludible en esta
cosmovisión, al arraigo de la fe.
Por ello, para la vida familiar debe proveerse de las
necesidades materiales y en la vida
social se formará para conocer la
verdad y, en consecuencia, ser libres.
Se quiera o no, bajo esta
cosmovisión, y solo por ella, se logrará la sabiduría espiritual y
material tan necesarios para la vida integral del hombre.
Bajo esta impronta familiar y
social el hombre se sumerge en un orden económico que razona el consumo como
parte de la economía orgánica.
Ingresará en la vida económica
como productor, industrial comerciante y prestador de servicios – independiente
o dependiente – procurando siempre en la relación orgánica con sus semejantes
una reciprocidad de hombre a hombre.
Pero también ingresa en el mundo
económico con un nivel determinado de educación e instrucción.
La proliferación y cambio tecnológico
ha llevado también a la comercialización de la enseñanza en ciertos niveles,
que con el slogan de la capacitación agregan conocimientos alejados de la
realidad, sobre todo de la naturaleza misma del hombre, perturbando el orden
económico natural.
Tres aspectos hemos considerados
imprescindibles para logar un hombre íntegro
para la vida comunitaria; aferrarse a la vida espiritual, sostenerse en lo
histórico y defender el territorio que le han dedicado sus antepasados.
Hitos esenciales que se deben
defender pese a ser denostados por los gestores del nuevo orden mundial.
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