miércoles, 29 de agosto de 2012

ENTRE EL ABISMO Y LA ESPERANZA: EL HOMBRE INTEGRO PARA LA VIDA COMUNITARIA






                    

La verdadera sabiduría del hombre frente al mandato divino de "Dominar la Tierra" se manifiesta en la justa adecuación de la Fe en lo revelado, el respeto de la naturaleza, y el acopio de la tradición. Todo proyectado en la búsqueda constante del bien común.
Pbro. Pedro Emilio Rojas


Desde su nacimiento el hombre debe ser dispuesto apropiadamente para poder sortear los obstáculos que a través de su vida se le presentan.
Al comienzo su responsabilidad es nula y todo depende de sus padres para que pueda salir fortalecido en el momento que comienza a manifestarse  por sus propios medios.
Da los primeros pasos, trata de expresarse, procura alimentos por cuenta propia, etc.
De ahí deriva esencialmente la importancia de la familia en los primeros tiempos de la vida del hombre, la que se extiende a todo su existir.
Luego vendrá la escuela, a través de la cual plasmará los primeros pasos en los conocimientos básicos y elementales de las ciencias, todo ello dentro de un marco moral acorde con su naturaleza y con las normas sociales básicas para poder vivir y desarrollarse en un ambiente social, en el cuál la impronta debe ser, sin dudas, la solidaridad.   
Su vida continuará en un nuevo ámbito educativo, donde seguirá profundizando y ampliando su familiaridad con las ciencias, pero sin descuidar esos valores morales y el respeto al orden natural, tan necesarios para que la sociedad se alíe en una Nación en la que todos sus originarios convivan armónica y solidariamente


De ahí emergerá el hombre con una conformación física y espiritual, que será esencial para su futuro y para el de la comunidad en la cuál está inserto.
Ese hombre germinado luego de casi dos décadas de vida debe recibir los valores esenciales de su familia, los valores básicos (orden espiritual –fe-,  orden histórico básico –tradición –, orden geográfico – terruño -) en los primeros años escolares.
En los últimos años escolares debe consolidar esos valores básicos y al mismo tiempo incorporar nuevos conocimientos filosóficos, científicos y técnicos.  
Al comenzar su emancipación, el hombre, con una formación integral básica, emprende a recorrer el verdadero sendero de la vida. 
Según las posibilidades económicas propias y de su familia su destino estará en los estudios universitarios, estudios terciarios, el trabajo, o la vida familiar en el caso de las mujeres que constituyen una familia y priorizan la procreación, el cuidado y la educación de los hijos.
Decíamos que ese hombre, ingresando en la juventud, que ha recibido la formación adecuada y equilibrada, en cualquier ámbito que se desempeñe actuará libremente, pues ha tenido acceso a la verdad, sabrá priorizar la contemplación sobre la acción.
El recogimiento se refiere al ocio contemplativo. El que día a día lo va perfeccionando en la búsqueda de la felicidad. Es todo lo contrario del desorden descontrolado al que es sujeto la juventud, con el único objetivo de ganancias exultantes, sin tener en cuenta las consecuencias futuras para el buen vivir comunitario.  
Esa abstracción edificante le permitirá encarar cualquier destino de la vida con la posibilidad de encontrar la felicidad, con las limitaciones propias de la naturaleza del hombre.
Ahora bien, su futuro estará determinado, en última instancia, por el entorno familiar y comunitario que le permitirá construir convenientemente su destino.  
Ese hábitat bajo todo punto de vista siempre será condicionante e ineludible para su comportamiento social.
Sin dudas, existe una doble problemática en el desempeño dentro de la vida social.
Por un lado, su formación personal – a una de cuyas variantes nos referimos en este artículo – y por otro ese ambiente en  el cuál se va integrando.
Siguiendo con esta cosmovisión que estamos proponiendo y desarrollando, hemos llegado al estadio en que el hombre se desenvuelve en forma independiente, combinando la vida familiar con la vida social.
En la vida familiar debe procurarse las necesidades básicas como comida, vestido y techo, entre otras. Es decir, debe satisfacer en forma imperiosa las necesidades esenciales.
Para ello, como veremos luego, debe proveerse de un trabajo digno, el cuál debe ser provisto por la misma comunidad.
Sobre el particular, expondremos las consecuencias de la previsión o carencia de ese trabajo decoroso.
Por ello es imprescindible la vida social del hombre, formado con una impronta solidaria y ética que le permita asumir con responsabilidad su desempeño, en la vida económica desde dos puntos de vista integrados entre sí. 
El que provee el trabajo debe hacerlo sabiendo que éste es el elemento esencial en la vida económica por encima de los factores de producción como la naturaleza y el capital.
De nada sirve “capacitar”, “instruir” sobre responsabilidad social empresaria y tantas otras proposiciones de esta época,  sino se toma conciencia de una aptitud solidaria que nace y se desarrolla con el hombre.
En la vida social, por lo dicho anteriormente, accede a la escuela, a entidades intermedias, a la recreación, y sobre éste al ocio, al deleite del espíritu, y por último, ineludible en esta cosmovisión, al arraigo de la fe.
Por ello, para la vida familiar debe proveerse de las necesidades materiales y en la vida social se formará para conocer la verdad y, en consecuencia, ser libres.
Se quiera o no, bajo esta cosmovisión, y solo por ella, se logrará la sabiduría espiritual y material tan necesarios para la vida integral del hombre.
Bajo esta impronta familiar y social el hombre se sumerge en un orden económico que razona el consumo como parte de la economía orgánica.  
Ingresará en la vida económica como productor, industrial comerciante y prestador de servicios – independiente o dependiente – procurando siempre en la relación orgánica con sus semejantes una reciprocidad de hombre a hombre.
Pero también ingresa en el mundo económico con un nivel determinado de educación e instrucción.
La proliferación y cambio tecnológico ha llevado también a la comercialización de la enseñanza en ciertos niveles, que con el slogan de la capacitación agregan conocimientos alejados de la realidad, sobre todo de la naturaleza misma del hombre, perturbando el orden económico natural.
Tres aspectos hemos considerados imprescindibles para logar un hombre íntegro para la vida comunitaria; aferrarse a la vida espiritual, sostenerse en lo histórico y defender el territorio que le han dedicado sus antepasados.
Hitos esenciales que se deben defender pese a ser denostados por los gestores del nuevo orden mundial. 

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