UNA VALIENTE RECRIMINACIÓN A LOS OBISPOS, carta de la Dra. Pamela Erica Mas de Cachero y una introducción
INTRODUCCIÓN: ¡Muy bien por la Dra.Pamela Erica Mas de Cachero! Le escribió unas cuantas verdades al Arzobispo de Bahía Blanca, todas las cuales pueden ser aplicadas al resto de los Obispos de la argentina. Los prelados católicos han perdido la fe y la vergüenza. Digo que han perdido la fe porque no es posible imaginar que se porten de la manera que se portan, con abandono total de sus deberes de Pastores, pecado inmenso que tiene como pena el infierno, si tuvieran temor de Dios. Por lo tanto, de una manera indirecta, están dando pruebas de que no creen en Dios pues si creyeran en Él es imposible que no teman el castigo de las iniquidades que cometen. Ellos, además, son los responsables de que la campaña contra el aborto no se hiciera en defensa de la Ley de Dios que execra ese crimen nefando sino como una especie de "acción humanitaria" en defensa "de las dos vidas", cuando la única que hay que defender es la que no puede defenderse por sí misma, o sea, la del niño por nacer.
Creo que el rechazo del proyecto en el Senado fue una maniobra del gobierno macrista para "quedar bien" con los antiabortistas, después de haber "quedado bien" con los abortistas al convocar a un "debate" falso sobre lo indiscutible, que es la vida de los niños en el seno de sus madres.
Ahora, el cinismo del oficialismo ha convertido la campaña por el aborto en otra por la corrupción de los adolescentes a los cuales les incita a la fornicación mediante una obscena "educación sexual", incluyendo un manual práctico para fornicar sin correr el riesgo de una "embarazo no deseado". Por supuesto, los Obispos no se dan por enterados de la inmoralidad de esa "eduación sexual" condenada por el Papa Pio XI en su Encíclica "Dinis Illius Magistri".
Cosme Beccar Varela
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Carta al Arzobispo de Bahía Blanca
4/10/18 8:45 AM por Cartas de los lectores
S.E.R. Monseñor Fray Carlos Azpiroz Costa
Mi nombre es Pamela Mas. Soy esposa, médica, y madre de un niño de 14 semanas de gestación en camino.
Le escribo estas líneas en calidad de hija de la Iglesia, y haciendo uso del derecho a la corrección fraterna, con profundo dolor, decepción y enojo por el rol que usted y muchos Obispos de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) han adoptado desde el 1 de marzo, día oscuro para nuestro país, en que se dio inicio al debate de lo innegociable: la vida humana.
Muchos de nosotros esperábamos que usted, como ARZOBISPO y pastor que es, adoptara un rol precisamente de guía y cabeza de esta pequeña iglesia, como corresponde a su investidura. Por el contrario, fuimos testigos de una iglesia tibia, cobarde y servil al nefasto gobierno de turno.
En primer lugar, lo he escuchado decir “que el Estado se empeñaba por clericalizar el debate, pero que esto era cuestión de medicina y derecho”. La cuestión del aborto, es primariamente una cuestión de fe. Por algo la Iglesia es Madre y Maestra: es parte de su función enseñarnos. La labor de ustedes consiste en la salvación de las almas, ese es el fin último. ¿Cómo puede ser que el aborto no sea una cuestión de fe, cuando existe un quinto mandamiento, y el Concilio Vaticano II calificó al aborto como “crimen abominable”, frase que el Santo Padre Francisco cita en el año 2014? ¿Y cómo puede ser, que si es un homicidio, usted persigue y tilda de “inmisericordes” a los que, como yo, decimos que la mujer que aborta es homicida? Habrá atenuantes, habrá mujeres victimarias y víctimas, eso no lo juzgo, para eso la ley contempla caso por caso, como Dios mismo lo hace. Reconocer que la mujer que aborta es homicida no es pecar contra la Misericordia, sino al contrario, reconociendo la gravedad de su pecado, sabemos que Dios, si hay arrepentimiento sincero, perdona. Porque Él sí, y no usted ni nosotros, es rico en Misericordia. Recuerdo un salmo que reza “La misericordia y la justicia se besan”. Es justo llamar al aborto por su nombre. Y a todos los que participan en este crimen también (madre, padre, amigos, personal sanitario, legisladores, gobernantes).
Usted dijo también que se eligió a Mons. Bochatey, experto en Bioética, como portavoz de la CEA, pero renegó que los medios de comunicación lo humillaran y tergiversaran su discurso. Déjeme decirle, con profundo respeto, que a la mayoría de los laicos que hemos participado en los medios nos han ridiculizado, difamado y humillado. ¿Y? ¿cuál es el problema? Ninguno nos hemos quejado de esto, al contrario, nos gloriamos en las bienaventuranzas.
Muchos hemos expuesto nuestros nombres, reputación, matrícula y hasta puestos de trabajo con tal de defender al no nacido. Por militar de una manera tan firme muchos nos han quitado hasta el saludo. Desgraciadamente lo hicimos con un gran sentimiento de orfandad y soledad, porque nuestra propia iglesia, no estuvo a la altura de las circunstancias. Déjeme decirle, con pena, que si esta ley del aborto no salió, no fue gracias a Uds., pastores y guías de la iglesia, sino gracias a Dios, a nuestra Señora de Luján y al pueblo valiente de laicos, y un puñado de curas. Cabe destacar también, el encuentro que realizaron nuestros hermanos evangélicos el 4 de agosto: a ellos los vimos orando sin vergüenza ante cámaras, nombrando a las cosas por su nombre, y pidiendo por la sanación y conversión de estas mujeres. Sin embargo, en Luján los hemos escuchado decir que el aborto es una tragedia… ¿sólo una tragedia, sólo un drama? ¿Es tan difícil llamar a las cosas por su nombre?
Finalmente, vemos con tristeza que este tema no finaliza acá. Ahora con la Educación Sexual Integral el Estado totalitario se pretende adueñar de la inocencia de nuestros hijos. Si esta ley ya existente desde el 2006 (que tiene sus serias objeciones morales), se llegase a modificar y se agrega la perspectiva de género no-científica, peligra seriamente la salud espiritual de nuestros niños. Muchos matrimonios de Bahía Blanca, en vez de encontrar un refugio en los colegios católicos, se encuentran en éstos con la difusión de la ideología de género y la mentalidad anticonceptiva. ¿Cómo puede ser esto? Y si la iglesia no nos da respuesta, ¿a quién recurrir entonces?
Creo que tienen la oportunidad de cargarse la Patria y las almas al hombro, y de liderar una fuerte campaña para que esto no llegue a su legalización. Ya vieron que los laicos estamos con ustedes, esperando que asuman el rol que les fue asignado por Cristo. Estamos dispuestos a seguirlos y acompañarlos, a alentarlos y a no dejarlos solos. Recuerdo al valiente Cardenal Cipriani de Perú, que alentó a sus fieles a protestar masivamente contra la ideología de género.
Hago público mi reclamo y mi corrección, porque pública fue la omisión suya y de muchos Obispos de la CEA.
Sin más, saluda a ud filialmente en Cristo y María Santísima, Nuestra Señora de la Merced.
Pamela Erica Mas de Cachero
Especialista en clínica médica
MP 2858
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