lunes, 24 de febrero de 2020

Monseñor Athanasius Schneider y Querida Amazonía

  1. Una de las principales competencias exigibles a cualquier dirigente de toda comunidad humana es que sea capaz de definir objetivos, aunar esfuerzos, conciliar voluntades, suscitar sinergias y dirigirlas para alcanzar un objetivo común que los miembros de esa comunidad consideren como deseable. De acuerdo con este criterio, y vistos los resultados de su gestión a lo largo de estos años, SS. el Papa Francisco sería expulsado de cualquier consejo de administración de una pequeña empresa u organización que pidiera un mínimo de responsabilidad a sus dirigentes en ese sentido; inepto gestor incluso para alcalde de un pequeño pueblo de 5.000 habitantes perdido en medio de los montes al que conseguiría sumir en la confusión y dividir a sus habitantes en bandos más o menos irreconciliables y opuestos entre sí.
    Es evidente que su ejercicio del mando y dirección no está basado en cualidades personales (al parecer bastante limitadas) de prestigio, conocimiento, autoridad o capacidad de convencimiento, sino en el Nombre del cargo que ocupa y en el poder que le otorga y le confiere para castigar a quien no comparte su particular objetivo y su visión de las cosas (su afición y capacidad para el insulto, para el comisariamiento, así como para las llamadas «misericordias» y «discernimientos» son cosas sobradamente conocidas) o premiar al que la comparta y le sea incondicionalmente fiel, con independencia de cualquier otra consideración, (y de esto sobran también ejemplos conocidos y públicos), todo ello con una forma de comunicación y actuación pública fundamentada en el uso de sofismas populistas y de falacias lógicas e ideológicas al servicio de sus dos grandes manías (en sentido psiquiátrico), y que le deben procurar sueños húmedos: la inmigración sin límites, (sin valorar la bomba sociológica que ello supone y la fuente de conflictos que está suponiendo, aunque valorar eso debe estar más allá de su capacidad de análisis) y la creación de una gran Religión Universal de la que (naturalmente) él se ve como Único Gran Chamán proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas. .
    La Iglesia está pasando por un periodo de confusión, convulsión y división interna particularmente grave (a ver en que queda el camino sinodal alemán y el, al parecer, sínodo previsto para 2022) del que en muy buena medida es responsable la gestión de SS. el Papa Francisco, pero ni esta es la primera vez que sucede una situación similar, ni es de mayor gravedad que las acaecidas en otras ocasiones a lo largo de la historia. La Iglesia siempre ha sobrevivido y continuado su labor de evangelización (el denostado «proselitismo» que tanto disgusta a SS. el Papa Francisco y que usaba Jesús cuando decía «sígueme» de forma directa y clara) y esta vez también lo hará. Quien viva lo verá.
    «Id pues; enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado. Yo estaré con vosotros siempre hasta la consumación del mundo».
    Debemos rezar como si todo dependiera de Dios y trabajar como si todo dependiera de nosotros.
    Un saludo.

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