miércoles, 4 de marzo de 2020

CALENTAMIENTO GLOBAL JAJA

Humo: Dicen que dentro de 30 años nos quedaremos sin playas, pese a que en 2001 anunciaron lo mismo para el 2020.


Pese a que el IPCC cometió un terrible error al anunciar lo mismo para el 2020 los militantes del supuesto calentamiento global vuelven a hacer anuncios apocalípticos.

La mitad de las playas de arena del planeta, amenazadas por el cambio climático

La erosión y la subida del nivel del mar arrebatarán hasta 100 metros a los arenales costeros en 30 años

Hagan lo que hagan los humanos con sus emisiones de gases, la mayoría de las playas de arena del planeta encogerán. En apenas 30 años, el mar le arrebatará hasta 100 metros de media a los arenales por culpa del cambio climático, según un estudio. Y en el peor de los escenarios climáticos, la cifra podría más que duplicarse para finales de siglo. Entre los países que más playa perderán están México, Chile o Argentina. En España, serán unos 60 metros de media en el mejor de los casos.
Partiendo de la evolución de la línea de costa de los últimos 35 años medida por los satélites, un grupo de investigadores ha modelado el impacto que tendrá el cambio climático en las playas de arena para 2050 y en 2100. En la actualidad, y dejando a un lado las regiones antártica y ártica, el 31% de la costa está formada por arenales. Estudios anteriores han estimado cuántos están de retirada, por la erosión o por acciones humanas, y cuántos están creciendo, por la aportación natural o la ingeniería humana. Ahora, este estudio, publicado en Nature Climate Change, añade a la ecuación los impactos derivados del calentamiento global, en especial el de los eventos climáticos extremos (tormentas, inundaciones…) y la subida del nivel del mar.“En una gran parte de las playas de España no tenemos anchuras de más de 90 metros, por lo que en el peor escenario nos quedaremos sin playa seca antes de 2100”THEOCHARIS PLOMARITIS, INVESTIGADOR DE LA UNIVERSIDAD DE CÁDIZ Y COAUTOR DEL ESTUDIO
Las playas van a encoger sí o sí. Pero, según sea el futuro elegido por los humanos, un escenario de bajas emisiones u otro en el que no se hace nada contra el cambio climático, encogerán menos o más. En el último caso, para 2050, los resultados del trabajo muestran que los arenales perderán hasta 99,2 metros de media. Pero la anchura que les podría arrebatar el mar podría acercarse a los 250 metros para finales de siglo. Sin embargo, si se cumpliera con los objetivos de los Acuerdos de París sobre reducción de emisiones, las pérdidas podrían mitigarse hasta en un 40%.
Aunque la pérdida de litoral arenoso es generalizada, hay grandes diferencias geográficas. Las playas perderán más de 150 metros en regiones como el este de América del Norte, las playas amazónicas y el sureste americano. La retirada superará los 300 metros en las Antillas Menores o el sur de Asia. Por países, habrá naciones como Gambia, Pakistán o El Salvador que pederán más del 80% de sus playas. Pero en términos absolutos serán las riberas arenosas de Canadá y Australia las que más sufrirán. En ambos casos, el mar avanzará a costa de la arena en más de 15.000 kilómetros de costa. También aparecen amenazados miles de kilómetros de playas de Argentina (hasta 4.400 kilómetros), México (5.100) o Chile (hasta 7.000).
España no es de los países más afectados pero tiene una proyección media de retroceso de 86 metros para 2100 en el peor de los escenarios. La pérdida se reduciría en un 39% en el caso de mitigación del cambio climático por medio de una reducción significativa de las emisiones de gases. Así que, en el mejor de los escenarios previstos, los científicos esperan una retirada media de 27 metros para 2050 y 60 metros para finales de siglo.
“En una gran parte de las playas de España no tenemos anchuras de más de 90 metros, por lo que en el peor escenario nos quedaremos sin playa seca antes de 2100”, comenta el investigador de la Universidad de Cádiz y coautor del estudio Theocharis Plomaritis. “Hasta ahora, los grandes causantes del retroceso de las playas eran los embalses y las presas, que atrapan el sedimento y no dejan que llegue a las playas”, explica Plomaritis. Pero eso lo está cambiando el cambio climático, que se erige en principal enemigo de los arenales para el futuro inmediato.
Uno de los efectos del calentamiento global es el aumento de la frecuencia e intensidad de los eventos climáticos extremos. Como se demostró en enero pasado con la borrasca Gloria, la erosión costera puede ser enorme. Los autores del estudio incorporaron a su modelo los datos de unos 100 millones de tormentas marinas para calcular el potencial de erosión de estos fenómenos. “Su impacto suele ser temporal, la playa se recupera si le damos tiempo”, asegura Plomaritis. Pero en el futuro un segundo efecto del cambio climático “bloqueará la recuperación natural”, añade. Se trata del aumento del nivel del mar.
El deshielo de las regiones polares está subiendo las aguas a un ritmo de unos tres milímetros al año. Además, el aumento de las temperaturas hace que el agua de mar se dilate y ocupe más espacio a costa de las playas. Los científicos e ingenieros que estudian la erosión costera se saben bien una ley natural, la llamada regla de Bruun. En su versión más sencilla, estipula que, dependiendo de la pendiente de la playa, esta se retira entre 50 y 100 veces lo que aumente el nivel del mar.
“La subida media global del nivel del mar es responsable al menos del 73% de los cambios”, responde en un correo el investigador del Centro Común de Investigación (JRC) de la Comisión Europea y principal autor del estudio Michalis Vousdoukas. Aunque hay unas pocas zonas donde el estudio espera la recuperación de playas de forma natural, el escaso avance playero, como el que se produce en buen parte de la costa de China, está siendo y será obra de la ingeniería de los humanos.

¿Qué predecían en 2001 para el 2020?

Domingo, 25 de febrero de 2001

2020: El Mediterráneo sin playas

Y EL NORTE de España está salpicado de palmeras; la gente no lleva abrigo en invierno ante la subida de las temperaturas….Así será la vida si se cumple el informe de la ONUPACO REGO
Sentado sobre una esquina de su mesa, el profesor señala con un puntero láser dos mapas proyectados sobre la pared. Entre ambos, casi dos décadas de diferencia, el tiempo que han tardado en cumplirse los peores augurios predichos en el último informe de la ONU sobre cambio climático, allá por febrero de 2001.

En una de las cartas geográficas, actualizada a mediados de 2020, ya no queda rastro alguno de muchas de las playas bañadas por el Mediterráneo y del Atlántico. El nivel de sus aguas, como pronosticaba el Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), ha aumentado hasta cubrir gran parte de las costas europeas.Las olas de calor suben los termómetros por encima de los 40 grados.

Debido al incremento de las temperaturas (entre 1,4 y 5,8 grados centígrados), las zonas frías se han convertido en calientes y viceversa. En el norte de España el paisaje está salpicado de palmeras y la gente prescinde de los abrigos en el invierno.Los glaciares alpinos han desaparecido. Los pocos que quedan siguen en retroceso, lo que añadirá más agua a los océanos.

Pero la dilatación de los mares no es el único regalo envenenado que nos ha legado el efecto invernadero del siglo XX. El calentamiento de la atmósfera también ha disparado la tasa de evaporación marítima, contribuyendo a aumentar el número y la violencia de tormentas y huracanes, además de inducir otros desequilibrios meteorológicos.

Todo ello ha incidido sobre la alimentación, especialmente la agricultura, así como en la forma de vestir y planificar nuestras vacaciones.

Por desgracia, las predicciones hechas por los 3.000 científicos del IPCC han resistido bien el paso del tiempo. Uno de ellos advirtió: «Las consecuencias de este calentamiento las pagará toda la humanidad». Esto es lo que ocurre 20 años después de aquella alarma mundial que muchos prefirieron ignorar.

INUNDACIONES…
LAS AGUAS SE TRAGAN LAS COSTAS
… En los mapas del planeta se ve cada vez más agua. Casi 300 islas han ido a parar al fondo del Pacífico, engullidas por el aumento del nivel de los océanos. En Europa, los deltas del Rin, del Ebro y del Guadalquivir ya han desaparecido ahogados por la subida imparable de los mares. Amsterdam parece Venecia. Los efectos del calentamiento terrestre han desfigurado por completo la fisonomía de las costas. En Cádiz la subida del mar y la baja actividad de la corriente cálida del Golfo han convertido la provincia en un lugar permanentemente amenazado por lluvias torrenciales, inundaciones y riadas, dejando para el recuerdo cientos de kilómetros de playas paradisiacas. Algo similar a lo que ocurre en La Palma, Fuerteventura y Lanzarote.

Mucho más al norte, las condiciones son igual de duras. En Galicia, las islas Cíes y la de Ons han dejado de ser un paraíso ecológico del ocio. Sus orillas, a las que en otros tiempos llegaban cientos de embarcaciones cargadas de curiosos, han sido tragadas por las corrientes del Atlántico.

Al otro lado de la Península Ibérica, el Mediterráneo amenaza la supervivencia de algunas de sus islas, como Sicilia o Córcega donde miles de personas se enfrentan a una subida de las aguas que ha puesto en serio peligro sus recursos pesqueros y agrícolas.

…ENFERMEDADES…
EL NUEVO MAL: EL ESTRÉS TÉRMICO
…Tierra adentro, la neblina tóxica, que como un sudario cubre las grandes ciudades y asfixia los pulmones de sus gentes, continúa, 20 años después, fumigando con sus venenos el Viejo Continente.Hubo quienes dudaron de que esta lluvia ácida perdurase durante tanto tiempo. Pero, desgraciadamente, la mayoría de los pronósticos del Centro Nacional de Investigaciones Atmosféricas de EEUU no fallaron, ni tampoco los que hablaban de veranos más largos y extremadamente tórridos.

Esto ha provocado que algunas enfermedades tropicales, como la malaria o el cólera, hayan encontrado nuevas víctimas entre nosotros.Estaba escrito, como decía Félix Hernández, uno de los mayores expertos en cambio climático del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. A los hospitales llegan cada vez más casos de cánceres de piel, cataratas y tuberculosis, así como más gente con estrés térmico, lo que ha ayudado a engrosar las listas de mortandad entre la población.

La secuencia de inundaciones y sequías también ha favorecido la contaminación del agua potable con fertilizantes y lodos, contribuyendo a la propagación de infecciones. La mayoría de los casos se salda con vómitos y fuertes diarreas que, en ocasiones, termina con la vida de los afectados, especialmente si son ancianos o niños.

…TURISMO…
NI A LA MONTAÑA NI A LA PLAYA
… El calentamiento de la Tierra ha enfriado mucho los ánimos de los turistas. Las playas mediterráneas y atlánticas, donde hace poco más de dos décadas recalaba la mayoría de los europeos y españoles, son hoy unos de los lugares elegidos por los insectos venidos de África. Arena, ya queda poca. Se la tragó el mar.En Torremolinos, en Huelva, en Benidorm… Un calco del vaticinio que, allá por 1999, hacía el climatólogo británico David Viner, de la Universidad de East Anglia (Reino Unido), en un informe para el Fondo Mundial de la Naturaleza. Y todo porque el clima arrastra una grave avería en su sistema de calefacción que hace que las temperaturas se disparen y las costumbres cambien. El turismo de nieve, antaño una de las principales atracciones de invierno en Europa, es hoy escaso por el aumento de los deshielos.

Con el calor en alza, el mar también sube al ritmo de entre 4 y 10 centímetros por década. Y aunque parezca poco, es más que suficiente para que una gran parte de los ríos se vean afectados.Los nuestros ya ni siquiera se parecen a los que se ven en los libros. La evaporación ocasionada por las altas temperaturas, la contaminación y sobreexplotación de sus aguas para regadíos, ha mermado los cauces del Ebro, Duero y Tajo hasta convertirlos en ríos prácticamente muertos.

…ALIMENTOS
1.600 MILLONES DE HAMBRIENTOS
… A mediodía, todas las televisiones abren sus informativos con una estremecedora noticia: 1.600 millones de personas en todo el mundo pasan hambre. Justo el doble de las que estaban en iguales condiciones a finales del siglo XX. En esa época, la lluvia ácida ya había arrasado el 50% de los árboles en extensas regiones de Europa, el aire de las principales urbes alcanzaban niveles de contaminación intolerables y España perdía, por erosión, 1.000 millones de toneladas de tierra por año.

Hoy, recién entrado el 2020, casi la mitad del suelo fértil que aún queda en nuestro país está a punto de agotarse. Lo que concuerda con los temores de la asesora de Naciones Unidas, Teresa Mendizábal, quien hace dos décadas aseguraba que el 40% del territorio sufría la lepra de la tierra o desertificación. Los cereales, el maíz y los pastos, como ya preveían en aquellos años algunos estudios, se llevan la peor parte. Sobre todo en los países mediterráneos, donde las grandes extensiones de cultivos han sido invadidas por las megaciudades. Estos asentamientos, responsables de más del 80% de la reducción de la cubierta vegetal, han obligado a echar mano de las técnicas genéticas, con lo que se ha podido multiplicar las cosechas y compensar así la falta de terreno fértil. Es el triunfo definitivo de los campos transgénicos.

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