viernes, 3 de abril de 2020

Libre o esclavo

                                                                      Me hago responsable por lo que digo;
                                                                      no por lo que Usted entiende.
                                                                                                          Denes Martos

¿Vivimos un tiempo de crisis?
Pareciera que no, o por lo menos se minimiza o se desvía la atención de las causas  graves para la vida y la libertad de los seres humanos.
Pero, para comenzar relato la realidad de un amigo que vive en una pequeña ciudad, donde todavía no llegaron las nefastas empresas extranjeras.
Dice, acá la vida sigue igual, los viejos compramos nuestras cosas, y a algunos que no pueden moverse el almacenero le manda los pedidos y el farmacéutico le alcanza los remedios. A la noche el club está lleno de vecinos que toman la copa, juegan a las cartas o al billar.
¡El coronavirus no entra!
Eso sí, un porteño se hizo una casa muy linda y viene de vez en cuando con su familia, amigo de todos.
Lo llamamos y le dijimos, por ahora no vengas, a ver si nos traes la peste.
¡Parece muy simple hacer las cosas bien!
Pero para ello se necesita una comunidad armónica, solidaria, donde el sedentarismo no por carencia de recursos, sino por convicción sea la esencia.
Pero no, el egoísmo está inserto definitivamente llevado de la mano por la globalización.
Y así, muchos, hasta ya desatada abiertamente la pandemia se fueron y volvieron sin el menor respeto por los demás. La cuarenta impuesto no fue cumplida, sino estas graves consecuencias no estarían a la vista.
Todo esto, acompañado por un ministro de salud complaciente o cómplice.
Esta negligencia en su reconocimiento de la pandemia fue por ignorancia o premeditada?
Y ante esta situación, los mayores que no tienen a nadie que los ayude, deben acudir a extraños para conseguir lo necesario.
En este punto surge la respuesta a tantas décadas de latrocinio, en las cuales silenciosa y solapadamente  se fue destruyendo la trama social comunitaria.
Ante la ignorancia o complacencia dirigencial, se fueron introduciendo los mecanismos de reeducación de masas propios del Instituto Tavistock y la Escuela de Frankfurt, entre otros, relegando la educación fundada en valores, e incorporando, entre otras actividades, eventos festivos ajenos a la idiosincrasia de nuestro pueblo.
Entonces, en este entorno, fueron avanzando las fuerzas de ocupación – multinacionales de cualquier laya y origen. Y se fueron – silenciosamente – apoderando de las áreas económicas que equitativamente estaban distribuidas entre pequeños comerciantes.
Estos fueron sumisamente desapareciendo, y de más de quinientos sólidos y solidarios  comercios de almacenes, hoy están reducidos a la mínima expresión. 
Eran, no solo la vía de sustento de la familia, sino también la vía de financiación – muchas veces -de las familias, pero vinieron estos engendros multinacionales y arrasaron con todo, al unísono de la desculturización, del hedonismo, del consumismo, reducido todo en el egoísmo.
En este contexto decir o defender la Verdad, te convierte en un ser egoísta, resentido,  lo cual es comprensible. Te invierte el sentido de las palabras.
La estratagema de estos organismos creada para la destrucción y el sometimiento de la gente, fue acompañada por un mecanismo a través de uno de los medios más perversos – la publicidad – para que pudiera  suavizar esta hecatombe en los comercios minoristas.
Ese mecanismo tenía una finalidad doble, frenar la venida de hijos al mundo, y al mismo tiempo promocionar lo que sería un bum posterior: la posesión y entretenimiento de las mascotas. Por otro lado esto sirvió para que esa pérdida de las actividades económicas esenciales para la comunidad no fuera tan traumática en los pequeños y medianos comerciantes.
Se vieron en la obligación para no desaparecer definitivamente, dedicarse a la venta de productos para las mascotas.
Y así el gran comercio esencial de la vida comunitaria, se transformó en algo anónimo, sin ningún tipo de contacto afectivo, como era antes, provocando la necesidad de contar con el dinero suficiente.
Pero no hay problemas, los mismos antros de comercialización, sino te alcanza el dinero, te ofrecen, a través de otros de sus engendros, las tarjetas de crédito, y por si fuera poco, también para los más pobres, aparecen los descarnadores que te ofrecen dinero con el solo documento.  
Así el ingreso de las familias, como parte del producto bruto interno cayó ostensiblemente.
1971
1991
2010
2018
Renta
32,0
18,3
25,2
21,7
Salario
53,0
49,2
34,2
29,7
Beneficio
8,0
22,7
21,9
21,9
Interés
7,0
9,8
18,7
26,7


La usura y el beneficio de los grandes empresarios, que no dejan nada acá, creció del 15 % al 48,6 %, es decir un 324 %.
A su vez, una parte importante de la renta de la tierra también se va y que es lo que queda?
¡Cómo no va  haber pobreza y miseria!
Para los que llenaban páginas endiosando la globalización, ahora tienen que padecer un encierro, porque este virus se les metió por la puerta de atrás de la bendita globalización.
Chesterton afirmaba que el capitalismo es una herejía porque, en lugar de mirar las cosas creadas y ver que son buenas (como hizo Dios en el Génesis), las mira y ve que son bienes. Todas las flores, todos los pájaros, todas las puestas de sol, todos los riscos y cumbres nevadas, todas las estrellas puestas en venta, cada una con su precio correspondiente. Y la plaga del turismo globalista representa la estación última de esa herejía monstruosa, poniendo el mundo entero en liquidación, para disfrute de consumidores insaciables.
Y éste, el turismo globalista, ante la desidia de las autoridades sanitarias es el que nos transformó de amos en esclavos de la vida.   
Debemos tener en cuenta a los personajes funestos que proponer y deciden reducir la población, usando armas deshonestas, y que en estos momentos ya salen a la luz sin escrúpulos. Estos personajes están alegres de que mueran los ancianos a los que llaman “comensales inútiles”.
Hay una revista del imperio británico, The Economist,  que dice ¡no es maravilloso que la economía está parándose, no hay emisiones de CO2, solo debemos asegurarnos que después de esta crisis no regresemos a lo normal!.
Hay algunos otros criminales que se dicen ser economistas que también dicen que si esta crisis para y se acaba debemos reconstruir una economía que se debe basar en la protección del clima. Saben, que la ecología verde, es exactamente lo que causó esta crisis y si regresamos a estas mismas políticas que causaron esta crisis, por lo que  claramente debemos tenemos la aptitud moral para sobrevivir dejando estas políticas nefastas.  
Es hora que en la Argentina dejemos de lado la defensa de las mafias que nos sojuzgan, defendamos los que defienden el bien de la Patria, y los que de uno u otro lado del chiquero hagan un mea culpa, y comprendan que los bandos a los que ellos defienden se unen en la cúpula, y su único fin es destruirnos y sojuzgarnos.    
                                                                                                                                                                                                                                                       Roberto E. Franco


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