Hemos llegado a un momento de la humanidad en el cuál, a quien se preocupa,
aunque mas no sea someramente de su familia y su comunidad, va entendiendo que
los males que le aquejan no solo a él afectan, sino también a su comunidad y su
Patria, pues este malestar palpable, ya aqueja al mundo entero.
Lo penoso es que en esta costalada todos vamos derecho al despeñadero,
pues los que de una u otra forma están en el poder o aspirar apropiarlo,
adhieren a la “narrativa”, buscando subterfugios para seguir en el camino
políticamente correcto.
Releyendo “La brutalidad irresponsable frente al cambio climático”
comparto lo de “la brutalidad en las expresiones para descalificar al otro”.
Ello reside precisamente en el ostracismo, la soledad y la burla de la que son
objeto tantos seres humanos que se oponen a este ensayo (la narrativa
políticamente correcta) maquiavélico.
Y agrega “entendamos algo también: hay una casta política de
ultraderecha que impulsa el negacionismo climático, es la misma que integra la
elite mundial de mayor concentración de poder económico en la historia, los que
se han servido del capitalismo vertical de la explotación de los combustibles
fósiles y que detentan el control y la propiedad de medios de comunicación para
controlar el poder político”.
Iletrado comentario que subordina mezquinos intereses políticos a la
verdad de lo que sucede.
Lo de casta política, podría ser aceptable, pero lo de ultraderecha demuestra
una ideologización perimida, pues estos personajes - los amos de la globalización - son, si, los
que crearon la derecha y también la izquierda.
“El planeta está hecho de la misma materia que nosotros y ha sido ese
Gran Otro el responsable de toda la existencia”.
Craso error filosófico, el hombre pese lo que le pese a los progresistas
subordinados a la aberración mundialista, posee algo que lo distingue de los
demás seres y de la naturaleza humana. Es el alma humana. Además, posee la
inteligencia para saber distinguir entre el Bien y el Mal.
Jamás accederemos a la Verdad si seguimos superficialmente los
lineamientos de Naciones Unidas, el Foro de Davos y tantos otros. Se requiere
nada más que dedicación y estudio, pues en sus propios documentos están todas
estas malignidades aquí esgrimidas.
Son los amos del mundo, la elite, el estado profundo, que impulsan el
falso cambio climático para generar hambrunas, reducir la producción y por ende
la población y apropiarse de los recursos de la naturaleza.
Contemplando la realidad, estas iniquidades brillan en todo su
esplendor.
Y son ellos mismos, la elite, - los amos y señores de la Agenda 2030 - los
que promueven el cambio climático y todos estos desvaríos.
Ignorancia o servilismo, ante un hecho totalmente visible por infinidad
de documentos que lo corroboran.
Roberto E. Franco
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