Para el liberal no existe
nada peor que la censura,
Mucho
antes que exigir responsabilidad
intelectual, porque todas las opiniones merecen el
Mismo
respeto.
Ossadon Valdez
El hombre, ese
hombre que con insistencia lo afincamos en la
familia, necesita en ese ambiente primogénito de diversos bienes para
subsistir; comida, vestido y techo son las necesidades básicas a satisfacer
imperiosamente.
Para
procurarse estos sustentos mínimos debe: hacer.
Pero,
simultáneamente, con este cosmos de acción, se conjuga otro, en el cuál
conviven la escuela, diversas entidades, la búsqueda del ocio, la recreación
del espíritu y conteniendo todo, la fe.
Para
suministrarse estos sustentos superiores debe: contemplar.
El hombre debe
escalar en su vida, manifestar la verdad, luego contemplarla y finalmente
buscarla, investigarla en aquellos aspectos insondables.
Combinando
afinadamente ambos ámbitos y a través de la contemplación
inicialmente, y luego la acción,
adquiera el equilibrio preciso entre lo espiritual
y lo material.
Entonces sí,
estamos en presencia de una sociedad
orgánica.
Conviviendo en
esta traza nos adentramos en el ámbito económico.
Ese hombre
consume, y en su coherencia de vida, transita una economía orgánica inserta en una sociedad orgánica natural.
Ese hombre,
como en cualquier otro tipo de economía ingresa en la vida económica como
productor primario, industrial, comercial o prestador de servicios. Al mismo
tiempo será trabajador independiente o dependiente.
Siempre el
respetará, por la formación que los amalgamó, la relación orgánica de hombre a
hombre, en igualdad de condiciones
en la vida económica como en cualquier otro ámbito de relación.
Siempre la
relación es ecuánime y equilibrada, nunca nadie se siente o manifiesta ser
superior a otro.
De ahí nace la
responsabilidad que es humana personal y social, para luego trasladarse
naturalmente a la vida económica.
Pero nunca se
puede trasmutar esta realidad, Querer hacer responsable al empresario
omitiendo que antes es hombre, es un yerro de conveniencia, soberbia e
ignorancia.
Si la economía orgánica fuese la impronta de
la humanidad, cuantos sufrimientos se habrían evitado sobre el firmamento, cuantas
miserias se habrían sepultado para siempre, cuantas penurias se habrían transmutado
en derroches de bienestar, cuantas envidias y egoísmos se habrían desplazado a
llovizna tenue pero firme de solidaridad.
La economía orgánica, inserta dentro de la sociedad orgánica natural, aplica originariamente
la solidaridad – impronta de todos
hombres, sociedades intermedias y Estado - que aspiran al Bien Común.
La subsidiariedad es un bien originario que
permite desde el hombre hacer todo lo que sea posible, siguiendo por las
sociedades intermedias y terminando en el Estado cuando las posibilidades son
insuficientes en los estados sociales anteriores.
La supletoriedad es el valor insustituible
que tiene el Estado de reemplazar y proteger a las sociedades intermedias que
requieren su apoyo ante dificultades perplejas e insalvables para las mismas.
La subsistencia es el principio que protege
la vida nacional encauzando la vida económica
hacia la independencia.
En la visión capitalista también llamada objetivista se produce una relación
directa, y podríamos decir única, entre el Estado y el individuo.
En la perspectiva liberal el individuo procura y desea una relación
directa con el Estado reflexionando
que la misma debe ser lo mínimo posible. Toda participación del Estado es razonada como inútil y
destinada a provocar una burocracia que es inaceptada para esta línea de
pensamiento.
En la perspectiva colectivista se invierte el
enfoque y el Estado pasa a ser el dueño y señor de todas actividades que
conforman la vida social comunitaria. El individuo pasa a ser un instrumento al
servicio de los intereses específicos del Estado.
Afloran en
esta visión capitalista el intercambio,
identificado plenamente con la concurrencia – a la que nos hemos referido – que produce el mismo
efecto en el ámbito internacional que
observamos en el ambiente comunitario.
La admirada ley de las ventajas comparativas que
tanto daño produce en una comunidad se potencia en el ámbito internacional,
generando países con niveles de vida exultantes en tanto que otros conviven con
la miseria.
¡Y lo peor! ¡No es una ley! Es una creación espuria de
Bernard de Mandeville a través de su empleado administrativo Adam Smith.
Y es ese intercambio el que lleva a la integración, la que ya no es
económica solamente, sino que se ha generalizado alcanzando niveles
inimaginados hace algún tiempo.
Y esa integración deviene irremediablemente en
la dependencia con sus graves
secuelas de desocupación, de destrucción de los recursos económicos con graves
daños ecológicos, y lo que es más grave hasta la pérdida de la identidad nacional.
Este régimen se sostiene sólo a través de la
maquinaria inflexible del consumismo
incentivado por una cultura materialista
que tiene como huella absolutista el
egoísmo.
En este
contexto observamos, erigidas por los centros de dominación, algunas
expresiones innovadoras que tienen por finalidad, no paliar el mal generado por
la in equitativa concentración de la riqueza, sino por el contrario, permitir a
través del derrame de mínimos donativos, construir la creencia de que el
empresario se encuentra consustanciado con el espíritu de solidaridad propio de
una sociedad armónicamente natural.
Podemos
precisar la responsabilidad social
empresaria como sinónimo, en las sociedades inorgánicas, de lo que es el Bien Común en una sociedad orgánica natural, con la diferencia sustancial de su
visión fragmentada y accesible a disimular los perjuros naturales del
capitalismo
Son dos
caminos contrapuestos e irreconciliables.
O se está con
la solidaridad – economía orgánica - o con el egoísmo – economía capitalista -,
su fusión inadmisible, constituye una falacia que afecta a la comunidad de una
manera irreparable.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
DEJENOS SU COMENTARIO, ¡ALABADO SEA JESUCRISTO!