sábado, 28 de julio de 2012

ENTRE EL ABISMO Y LA ESPERANZA: El Hombre Orgánico en la Economía Natural - El Hombre Inorgánico en la Economía Objetivista





Para el liberal no existe nada peor que la censura,
Mucho antes que exigir responsabilidad   intelectual, porque todas las opiniones merecen el
Mismo respeto.
                                                         Ossadon Valdez



El hombre, ese hombre que con insistencia lo afincamos en la familia, necesita en ese ambiente primogénito de diversos bienes para subsistir; comida, vestido y techo son las necesidades básicas a satisfacer imperiosamente.
Para procurarse estos sustentos mínimos debe: hacer. 
Pero, simultáneamente, con este cosmos de acción, se conjuga otro, en el cuál conviven la escuela, diversas entidades, la búsqueda del ocio, la recreación del espíritu y conteniendo todo, la fe  
Para suministrarse estos sustentos superiores debe: contemplar.
El hombre debe escalar en su vida, manifestar la verdad, luego contemplarla y finalmente buscarla, investigarla en aquellos aspectos insondables. 
Combinando afinadamente ambos ámbitos y a través de la contemplación inicialmente, y luego la acción, adquiera el equilibrio preciso entre lo espiritual y lo material.  
Entonces sí, estamos en presencia de una sociedad orgánica.
Conviviendo en esta traza nos adentramos en el ámbito económico.
Ese hombre consume, y en su coherencia de vida, transita una economía orgánica inserta en una sociedad orgánica natural.
Ese hombre, como en cualquier otro tipo de economía ingresa en la vida económica como productor primario, industrial, comercial o prestador de servicios. Al mismo tiempo será trabajador independiente o dependiente.
Siempre el respetará, por la formación que los amalgamó, la relación orgánica de hombre a hombre, en igualdad de condiciones en la vida económica como en cualquier otro ámbito de relación.
Siempre la relación es ecuánime y equilibrada, nunca nadie se siente o manifiesta ser superior a otro.
De ahí nace la responsabilidad que es humana personal y social, para luego trasladarse naturalmente a la vida económica.
Pero nunca se puede trasmutar esta realidad, Querer hacer responsable al empresario omitiendo que antes es hombre, es un yerro de conveniencia, soberbia e ignorancia.
Si la economía orgánica fuese la impronta de la humanidad, cuantos sufrimientos se habrían evitado sobre el firmamento, cuantas miserias se habrían sepultado para siempre, cuantas penurias se habrían transmutado en derroches de bienestar, cuantas envidias y egoísmos se habrían desplazado a llovizna tenue pero firme de solidaridad.
La economía orgánica, inserta dentro de la sociedad orgánica natural, aplica originariamente la solidaridad – impronta de todos hombres, sociedades intermedias y Estado - que aspiran al Bien Común.
La subsidiariedad es un bien originario que permite desde el hombre hacer todo lo que sea posible, siguiendo por las sociedades intermedias y terminando en el Estado cuando las posibilidades son insuficientes en los estados sociales anteriores.
La supletoriedad es el valor insustituible que tiene el Estado de reemplazar y proteger a las sociedades intermedias que requieren su apoyo ante dificultades perplejas e insalvables para las mismas.
La subsistencia es el principio que protege la vida nacional encauzando la vida económica  hacia la independencia.
 En la visión capitalista también llamada objetivista se produce una relación directa, y podríamos decir única, entre el Estado y el individuo.
En la perspectiva liberal el individuo procura y desea una relación directa con el Estado reflexionando que la misma debe ser lo mínimo posible. Toda participación del Estado es razonada como inútil y destinada a provocar una burocracia que es inaceptada para esta línea de pensamiento.   
En la perspectiva colectivista se invierte el enfoque y el Estado pasa a ser el dueño y señor de todas actividades que conforman la vida social comunitaria. El individuo pasa a ser un instrumento al servicio de los intereses específicos del Estado.
Afloran en esta visión capitalista el intercambio, identificado plenamente con la concurrencia – a la que  nos hemos referido – que produce el mismo efecto en el ámbito  internacional que observamos en el ambiente comunitario. 
La admirada ley de las ventajas comparativas que tanto daño produce en una comunidad se potencia en el ámbito internacional, generando países con niveles de vida exultantes en tanto que otros conviven con la miseria.
¡Y lo peor!  ¡No es una ley! Es una creación espuria de Bernard de Mandeville a través de su empleado administrativo Adam Smith.
Y es ese intercambio el que lleva a la integración, la que ya no es económica solamente, sino que se ha generalizado alcanzando niveles inimaginados hace algún tiempo.
Y esa integración deviene irremediablemente en la dependencia con sus graves secuelas de desocupación, de destrucción de los recursos económicos con graves daños ecológicos, y lo que es más grave hasta la pérdida de la identidad nacional
Este régimen se sostiene sólo a través de la maquinaria inflexible del consumismo incentivado por una cultura materialista que tiene como huella absolutista el egoísmo.
En este contexto observamos, erigidas por los centros de dominación, algunas expresiones innovadoras que tienen por finalidad, no paliar el mal generado por la in equitativa concentración de la riqueza, sino por el contrario, permitir a través del derrame de mínimos donativos, construir la creencia de que el empresario se encuentra consustanciado con el espíritu de solidaridad propio de una sociedad armónicamente natural.
Podemos precisar la responsabilidad social empresaria como sinónimo, en las sociedades inorgánicas, de lo que es el Bien Común en una sociedad orgánica natural, con la diferencia sustancial de su visión fragmentada y accesible a disimular los perjuros naturales del capitalismo
Son dos caminos contrapuestos e irreconciliables.
O se está con la solidaridad – economía orgánica - o con el egoísmo – economía capitalista -, su fusión inadmisible, constituye una falacia que afecta a la comunidad de una manera irreparable.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario

DEJENOS SU COMENTARIO, ¡ALABADO SEA JESUCRISTO!