El
22.5 se produjo el vencimiento del período de gracia para el pago de unos 500
Millones de Dólares (MD)[1]
de intereses por Bonos Globales 2021, 2026 y 2046, que el Ministro de Economía
Guzmán anticipó que según común acuerdo de partes no se pagarían en término
porque se están concluyendo cambios importantes para mejorar la Oferta de Canje
a los Fondos Buitre que se encuentran negociando con el gobierno Fernández.
El
propósito declarado de las autoridades argentinas es no entrar en Cesación de
Pagos formal (Default) y llegar así a un nuevo acuerdo con los bonistas en base
a una Sostenibilidad de la Deuda Pública
que les garantice el futuro plan de pagos de nuestro país.
Sin
embargo, no está claro que se entiende por Sustentabilidad o Sostenibilidad de la Deuda.
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El cómico Groucho Marx[2]
decía que “el Matrimonio es la principal causa de Divorcio” y parafraseando
esta cita podríamos decir que “la Deuda es la principal causa de Default”.
O sea, que si no nos hubiéramos “casado” con el Sistema
de la Deuda no tendríamos problema de Default.
Es la burlesca obviedad de que si no hubiésemos contraído
pasivos impagables no correríamos riesgo de incumplimiento de los mismos y que
mientras nos mantengamos dentro de este Sistema de retro-alimentación de la
Deuda nunca vamos a salir de la trampa de Deuda Pública Perpetua que rige el
país desde hace más de 40 años y, por ende, vamos a estar siempre sujetos a
riesgo cierto de Default porque el Default es consustancial al Sistema de la
Deuda.
Dicho con otras palabras: si no hubiera Deuda se evitaría
el problema endémico de que periódica – por no decir continuamente – tengamos
el peligro de caer en Default por una nueva Crisis de Deuda, es decir, de caer
en cesación de pagos formal y no “virtual” o potencial producida siempre por la
misma insuficiencia de no poder pagar los servicios de la Deuda.
Con una importantísima aclaración: que no sería cualquier
Deuda la causa inexorable de un Default sino la toma sistemática de Deuda sin
capacidad de repago la que conlleva el problema cíclico de ese Default.
Y esto vuelve a replantearse hoy con la nueva
reestructuración de la Deuda en curso por la administración Fernández.
Porque la Argentina, a contrario sensu de lo que dicen
las autoridades y los economistas del establishment, no tiene Liquidez ni
Solvencia para hacer frente a sus obligaciones, como no sea refinanciando
sistemáticamente la totalidad de sus vencimientos bajo régimen de Deuda
Perpetua.
Por lo tanto, la formulación correcta y completa del
razonamiento sería ésta: que la Argentina – como la mayoría de los países del
Mundo – está hoy en la práctica nuevamente al borde del Default porque los
sucesivos gobiernos, todos los gobiernos, han venido y siguen suscribiendo
obligaciones de Deuda sin la más miserable demostración de capacidad de repago
y consecuentemente viven expuestos siempre al riesgo cierto de default.
Y esto ocurre así – en la etapa contemporánea del
macro-endeudamiento nacional – desde hace más de 40 años, desde el gobierno del
Proceso Militar (1976-1983) hasta nuestros días; sin solución de continuidad.
Peor aún, este esquema tiene una apoyatura fáctica y
también académica que se define tradicionalmente diciendo que “no hay problema
en tomar Deuda sin capacidad de repago” porque el Capital o Principal nunca se
devuelve sino que se refinancia sistemáticamente y el único problema práctico
es tener los fondos suficientes para pagar los servicios de Intereses de la
Deuda y refinanciar o reestructurar permanentemente el Principal.
Esto es, el roll over o renovación de todas las
obligaciones a su fecha de vencimiento vía novaciones de deuda - con el mismo
acreedor o con terceros - lo que significa vivir pagando eternamente Deuda
Vieja con Deuda Nueva.
Y merced a ello quedar habilitado entonces por el Capital
Financiero-Bancario para poder tomar más Endeudamiento.
Este principio constituye la base fundamental de todo el
Sistema de la Deuda Perpetua que hoy condiciona la Finanza, la Economía y la
Política de los Estados y particularmente las del Estado Argentino ya que, por
definición, una Deuda impagable se convierte inexorablemente en una Deuda
Perpetua.
Un razonamiento así concebido y desarrollado a imagen y
semejanza del interés de los Acreedores, que son los Capitales Financieros
Internacionales que dominan el Mundo.
Y es en este contexto que hay que entender el significado
de la idea de Sostenibilidad de la Deuda Pública enunciada actualmente por el
gobierno Fernández en el marco de la nueva ronda de negociaciones con los
Acreedores Financieros con el propósito de lograr una enésima reestructuración
de la Deuda Externa del Estado.
LA CUESTIÓN DE LA DEUDA SOSTENIBLE
A diferencia de lo que normalmente se cree – o se le hace
creer a la gente – el objetivo de la Oferta de Canje elevada a los Acreedores (que
ya ha sido rechazada en su versión original) no es un arreglo que le permita a
la Argentina cancelar y liberarse de la Deuda en curso de discusión sino sólo
definir los términos de su renovación, es decir, de cómo reciclarla una vez más
en la Historia reciente de modo que, re-estructurada la Deuda Actual como Deuda
Vieja pateando los compromisos vigentes para adelante, el país pueda volver a
colocar Nueva Deuda en el Extranjero.[3]
Esto es, que las tratativas en curso no son para salir ni
para liberarse del Sistema de la deuda sino al revés, para quedarse dentro del Sistema.
Esta idea viene acompañada de otras, que conllevan
también la paralela expectativa de abrir un mayor Mercado Local de Deuda en
Pesos a los fines de captar más fondos para la cobertura de las necesidades de
financiamiento del Estado. Y todo ello mediante la colocación de futura Deuda
Sostenible.
Pero qué se entiende, en realidad, por Deuda Sostenible?
En la definición del Gobierno – Presidente Alberto
Fernández y Ministro de Economía Martín Guzmán dixit – conceptualmente se trata
de nueva deuda re-estructurada que se pueda pagar, que la Argentina quiere
pagar y sobre cuya legitimidad y/o regularidad no se plantea reserva alguna.
De la propuesta hecha por la Argentina a los Bonistas no
surge, empero, una demostración de la capacidad de repago del arreglo ni de cómo
se lograría su cumplimiento en valores
absolutos de divisas a pagar.
Porque lo concreto es que para firmar cualquier arreglo
el país debe garantizar un Acuerdo General de Pagos – a los Acreedores Privados
y a los Organismos Financieros Internacionales (FMI, Banco Mundial, BID, CAF y
Club de París) – que comprometa por largos años a los sucesivos gobiernos
nacionales a obtener el Superávit Fiscal Primario suficiente para poder cumplir
el pago de los Servicios de la Deuda Pública y con ello seguir refinanciando el
Principal a futuro.
Más para alcanzar tal superávit, en el plano interno el
Gobierno debe condicionar ese cumplimiento a un Plan de Ajuste Fiscal necesario
que le permita el objetivo citado.[4]
De allí que el nuevo Presupuesto dependa fundamentalmente
del arreglo a que se llegue con los Acreedores y con el FMI.
Ese Acuerdo – cuya negociación está en curso – implicaría
el roll over o renovación/refinanciación de las obligaciones y habilitaría con
ello a la Argentina a volver al Mercado Internacional de Capitales, es decir, a
colocar más Deuda Externa.[5]
En síntesis: que la idea de Sostenibilidad de la Deuda no
es acabar con la dependencia financiera del Sistema de la Deuda Pública sino
quedarse en el Sistema, refinanciar las obligaciones existentes y volver al
Mercado de Capitales para tomar más Deuda.
ERRÓNEA ESTRATEGIA DE NEGOCIACIÓN
En condiciones lógicas – lo hemos dicho muchas veces – el
nuevo gobierno Fernández, frente a la Crisis de Deuda insostenible heredada de
la administración Macri, debiera haber hecho primariamente tres cosas: 1.
Definido su Programa Económico, 2. Con ese plan, haber solicitado facultades
especiales limitadas por Ley del Congreso para poder llevarlo a cabo, y 3. Con
el Plan y con la Ley de Emergencia en la mano haber salido a negociar con los
Acreedores financieros del Estado la reestructuración de la Deuda.
Pero el presidente Fernández hizo las cosas al revés: 1.
Primero se hizo otorgar Poderes Especiales irrestrictos por el Congreso a
través de la Ley de Emergencia Pública general 27.541, contando así con una
suerte de “cheque en blanco” para firmar cualquier cosa, 2. Con estas
facultades abiertas ello salió a “negociar” con los Bonistas (que son los
poderosos nuevos Fondos Buitre que entraron a controlar la Deuda en coordinación
con el anterior gobierno Macri) sin argumentos de cobertura por
condicionalidades fijadas según Leyes Nacionales, y 3. Pospuso todo Programa
Económico – incluyendo el Presupuesto del Ejercicio 2020 – subordinándolo al
resultado del acuerdo con los Acreedores de la Deuda.
Sobre esta base, el Ministro de Economía Martín Guzmán presentó una Oferta de Canje
que planteaba básicamente lo siguiente:
a) Un Monto de quita promedio sobre el Capital de sólo
5.4 % sobre el Valor Nominal de los Bonos Elegibles, que son 21 bonos emitidos
bajo Ley Extranjera por unos 66.500 MD. Una concesión inicial muy importante
dado que la mayoría de los nuevos Fondos Buitre habrían comprado esos títulos a
raíz de la Crisis de Deuda Macri de Abril del 2018 cuando cotizaban a 40, 35 y
hasta 30 % de su valor.
b) Un reperfilamiento de los vencimientos de Capital a
10-17 años (2030-2047) con Plazo de
Gracia para no pagar ni Capital ni Intereses hasta Noviembre de 2023, es decir,
hasta la finalización del mandato Fernández, lo que obviamente significa pactar
hoy para que la cuenta de la Deuda Externa la pase a pagar el próximo gobierno.
c) Una Tasa de Interés promedio de los nuevos bonos a
emitir (10 en total) del 2.33 %, comenzando con 0.5 % a fines del 2023 y
creciendo luego gradualmente hasta el 4.875
% (casi el 5 %), mientras que la Argentina hoy está pagando por los títulos actuales una tasa promedio del 7 %,
con rendimientos del 8-10 % o más (que son las tasas de Títulos Públicos en
Moneda Extranjera más altas del Mundo).
Ciertamente, el detalle de la Oferta es muchísimo más
complejo pero éstos son los valores promedio generales de referencia.
Esta Oferta de Guzmán – como es sabido - fue rechazada de
plano por los Fondos Buitre acreedores, que están reunidos en tres grupos
coordinados entre sí, y entonces el gobierno Fernández – dando marcha atrás a
su planteamiento inicial de “oferta única e inamovible” (porque la misma, según
las autoridades, representaba las
posibilidades máximas de pago del país) – encaró inmediatamente una continuación
de las negociaciones con los bonistas sobre la base de “flexibilizar” la
propuesta mejorando las condiciones originales.
Para ello, se prorrogó unos días más el plazo de las
negociaciones en curso para poder llegar a un acuerdo con los acreedores antes
del 2.6, suspendiendo transitoriamente hasta entonces la política de “pago
mientras se negocia” que se viene llevando a cabo por el gobierno Fernández
desde el comienzo de su gestión, allanándose así al interés de los acreedores
para no formalizar un nuevo Default de la Argentina.
Pero esto se hace precisamente al costo de seguir pagando
intereses mientras se negocia, pese a la Crisis de Deuda existente y a los
efectos ruinosos de la pandemia de Coronavirus que se está viviendo sobre la
actividad económica y sobre las Finanzas del Estado, estimándose que desde su
asunción en Diciembre hasta la fecha el gobierno habría pagado ya unos 5.000 MD
o más por concepto de Intereses.
En la práctica, esto equivaldría a una Prima o Premio
para los tenedores de bonos por el tiempo que duren las negociaciones – con
lógico cargo para el Fisco – con lo que se terminaría integrando una suerte de
Pago inicial al Contado dentro del futuro Acuerdo, que ahora se da por
descontado.
Empero, esta práctica está fuera de los cánones normales
que se siguen en estos casos, porque en todo estado concursal – sea público o
privado – rigen las reglas de lógica típicas de una convocatoria de acreedores,
que empiezan con la suspensión de pago del Capital y la interrupción del
devengamiento de los Intereses a Pagar.
El gobierno Fernández, en cambio, optó por la fórmula más
desfavorable para la Argentina, que es la de “pagar mientras se negocia”, que
tiene la doble desventaja de mantener la sangría financiera fiscal por
Intereses y debilitar su capacidad negociadora frente a los negociadores, que
pasan a arbitrar los tiempos de las tratativas dado que el tiempo les juega a
su favor: cada día que pasa siguen percibiendo altísimos intereses por los
bonos actuales mientras los bonos futuros – dada la fortísima caída de las
tasas internacionales - se pactarán seguramente a niveles inferiores.
En consecuencia, la declarada voluntad pagadora a
ultranza de la administración Fernández unida al alto costo financiero que paga
durante las negociaciones – hoy temporariamente suspendido hasta el 2.6 -
preanuncia un acuerdo más favorable para los Fondos Buitre, lo que explica por
qué la cotización de los bonos argentinos sube en el exterior y
correlativamente baja el nivel de la sobre-tasa por Riesgo País.
La prórroga del plazo de presentación de la contra-oferta
Guzmán a los acreedores ha abierto ahora
un breve compás de espera mientras se desarrollan las negociaciones finales,
que se mantienen bajo hermetismo informativo y con el adicional de una “invitación”
del Ministerio de Economía a los Acreedores – cediendo a una exigencia de los
mismos – de firmar Acuerdos de Confidencialidad que amparen legalmente el
secreto de las tratativas por la reestructuración de la Deuda.
En síntesis: que la administración Fernández no sólo
habría manejado mal la estrategia de negociación seguida con los Fondos Buitre
sino que, además, ha tenido que retrotraerse de la propuesta original,
comprometerse a mejorarle los términos de la misma a los acreedores y aceptar
mantener el secreto de las negociaciones en curso.
LA CONSPIRACIÓN[6]
DE LA DEUDA MACRI
El presidente Macri recibió del Kirchnerismo una Deuda
Pública de 254.600 MD[7]
– sólo en cabeza del Estado Central – y la dejó en 336.000 MD al 31.12.2019, es
decir, que la aumentó en unos 81.500 MD
aunque, en realidad ese aumento fue mucho mayor.[8]
Pese al discurso del Des-endeudamiento, la administración
K había incrementado la Deuda en algo más de 100.000 MD durante sus 12 años de
gestión dado que en su asunción durante el Segundo Trimestre de 2003 la había recibido
por unos 150.000 MD.
Pero el gobierno Macri no sólo aumentó la Deuda en un
cuatrienio casi tanto como en toda la Década y pico Kirchner sino que empeoró
gravemente su composición[9]
y su perfil de vencimientos[10]
llevándola a un nivel inmanejable:
Esto es, que Macri empeoró la composición de la Deuda
heredada del Kirchnerismo por aumento del Stock y por acortamiento de los Plazos,
dejándole una situación explosiva a la nueva administración Fernández, una maniobra
absolutamente grave e inmanejable que, sin embargo, el entonces candidato
presidencial no impugnó ni denunció oportunamente.
Peor aún, después de elegido presidente y durante los
primeros tiempos de su gestión, Alberto Fernández planteó la situación
financieramente desastrosa heredada, el estado de “virtual default” de la
Argentina, la culpabilidad de la administración Macrista y la
co-responsabilidad del FMI por la nueva Crisis de Deuda; pero luego mutó su
discurso impersonalizando sus críticas a la gestión Macri (mientras el ex
presidente se llamó a silencio y pasó tranquilamente a la “clandestinidad” ante
la Opinión Pública), omitiendo toda denuncia sobre los negociados macristas de
la Deuda y aliándose con el FMI en el marco de las negociaciones con los
bonistas, que son los nuevos Fondos Buitre que pasaron a controlar la Deuda
Externa Argentina con la Crisis del 2018.
De esta manera, el tándem Macri-Fernández sancionó los
términos totalmente desfavorables para nuestro país del nuevo Megacanje en curso
como producto de aceptar en los hechos la conspiración de la administración
Macrista hecha en coordinación con los Fondos Buitre y el FMI en contra de los
intereses financieros del Estado Argentino.
EN CONCLUSIÓN:
El presidente Alberto Fernández se muestra hoy muy firme,
aseverativo, duro e inflexible en materia de Coronavirus con una política
preventiva que está ocasionando graves daños a la salud física y psicológica de
la población y consecuencias desastrosas para la Economía y para las Finanzas
Públicas del país.
Pero notablemente se presenta a la vez muy elástico,
relativo, permisivo y flexible cuando se trata de la Crisis de Deuda en sus
tratativas con los acreedores financieros del Estado pese a que la Argentina
hoy no tiene ni liquidez ni solvencia para poder afrontar sus obligaciones
externas e internas contraídas, no tiene perspectivas de mejorar su
desequilibrio fiscal y se sigue buscando un arreglo con los acreedores
privados, el Fondo Monetario y el Club de París sobre la base de mejorarles las
condiciones de pago que sólo pueden ofrecerse a costa de mayores ajustes
fiscales de la Argentina.
La falsa antinomia gubernamental acerca del dilema entre
la Vida y la Economía soslaya que la Economía está parada pero la Deuda no, y
que las consecuencias de “pagar mientras se negocia” se dan en medio de una
crisis que hoy inhibe cualquier proyección financiera a futuro.
El paro de la Economía por parte del Gobierno, invocando
los peligros de la pandemia del Covid 19, acentúa la insostenible situación del
Déficit Fiscal y del Endeudamiento Público del Estado; pero mientras este
proceso se agrava día a día las autoridades, desde su asunción en Diciembre
pasado, han mantenido la política favorable a los acreedores de “pagarles
mientras se negocia”, habiéndose llegado así a un límite de tiempo y manejo de
crisis para alcanzar el arreglo de un nuevo Megacanje con los Acreedores que
ahora se aspira lograr en poco tiempo más.
Y esto se ha hecho y se sigue haciendo en base al falso
criterio de que es conveniente exhibir la mejor “voluntad de pago” posible
frente a la realidad de una Deuda Impagable, de que es necesario cubrir los
servicios de Intereses mientras se negocia un enésimo acuerdo de refinanciación
de la Deuda y de que, una vez definidos los lineamientos del nuevo Plan de
Ajuste Fiscal que será necesario para cumplir el neo-Megacanje, la Argentina va
poder retornar al Mercado de Capitales, para volver a endeudarse.
La tríada Gobierno-Economistas del Establishment-Medios
sigue vendiendo a la Opinión Pública la falsa idea de que el futuro Acuerdo de
Canje debiera ayudar a salir de la actual Crisis de Deuda para llevar a cabo
una Política de Crecimiento Económico que haga sostenible la Deuda mientras
que, a contrario sensu, la Deuda es el principal obstáculo del Crecimiento.
Y la clave del problema de fondo reside en que el nuevo
arreglo que se busca con los acreedores no es para salir del Sistema de la
Deuda Perpetua que rige nuestro país desde hace 40 años sino, por el contrario,
para quedarse una vez más dentro del mismo.
Un Sistema que se rige bajo el error conceptual de que la
Crisis Argentina – que es una Crisis Financiera y no Económica – deviene del
mal manejo de las Finanzas del Estado con Déficits Fiscales que se cubren con
Deuda, considerando la Deuda una consecuencia del Déficit, cuando en los hechos
la cosa es al revés porque la Deuda es la principal Causa del Déficit.
Lic. Héctor L. GIULIANO
Buenos Aires, 27.5.2020
Archivo: GIULIANO ARTICULO 2020 05 27 SOSTENIBILIDAD
[1] Las abreviaturas MD/M$ y B$ significan
Millones de Dólares/Pesos y Billones de Pesos respectivamente y se expresan
siempre con redondeo, razón por la cual pueden darse mínimas diferencias entre
totales y sumatoria de términos.
En
muchos casos, estas cifras pueden citarse en monedas equivalentes (≡).
[2] No confundir a Groucho Marx con el
ideólogo comunista Carlos Marx ni, en la Argentina, con el Licenciado Daniel
Marx, hoy asesor financiero del gobierno Fernández y ex funcionario de
administraciones anteriores siempre en materia de endeudamiento y canjes de
bonos que resultaron fracasados (Alfonsín 1985-1987, Plan Brady Menem-Cavallo
1992-1993 y Megacanje De la Rúa-Cavallo 2001).
[3] La totalidad del Capital o Principal de
la Deuda siempre se refinancia hasta el último centavo: según el Proyecto de Ley
(PL) de Presupuesto 2020 – elevado por el gobierno Macri al Congreso en
Setiembre pasado pero cuyo tratamiento está suspendido ad referéndum del nuevo
Megacanje de Deuda en curso de negociación – este año le caían al Estado
vencimientos de Capital por 52.000 MD, que se renovarían en su totalidad y
además estaba previsto tomar otros 43.000 MD de Deuda Nueva. En total,
Operaciones de Crédito Público por 95.000 MD.
[4] De hecho, el Gobierno Fernández está
dando cumplimiento parcial a dos de las tres Reformas Estructurales pactadas en
el Acuerdo Stand-By (SBA) del 2018 con el FMI, firmado por la administración
Macri: 1. La Reforma Laboral, cuyo objetivo es abaratar el Costo de la Mano de
Obra bajando los salarios reales de los trabajadores, y 2. La Reforma
Jubilatoria, cuyo objetivo es reducir el peso de las Jubilaciones/Pensiones cambiando
la Movilidad Jubilatoria.
Una
tercera reforma, la Reforma Tributaria, se encuentra actualmente en estudio por
parte de una Comisión Especial que funciona bajo condiciones cerradas al
conocimiento público en el ámbito del Ministerio de Economía.
[5] El PL de Presupuesto 2020 – como se
ha explicado en la Nota 3 – contempla el refinanciamiento íntegro del Principal
de la Deuda contra el pago creciente de los servicios de Intereses: 1.2 B$ (≡
18.000 MD, al tipo de cambio previsto de 67 $/US$), de los que entre un 15 y un
20 % se capitaliza por anatocismo.
[6] La palabra Conspiración proviene de
Conspirar – del latín Conspirare - y hace referencia a la unión de varias
personas en contra de su superior o soberano para hacerle un daño; y aquí se
aplica para caracterizar el comportamiento fraudulento contrario a los
intereses del Estado a través de la toma sistemática de Deuda Externa impagable
cuyos efectos caen sobre todo el Pueblo Argentino.
[7] Saldo al 31.12.2015 de 222.700 MD +
Deuda con Holdouts contabilizada como Contingente por 11.500 MD + Cupones PBI
por unos 13.500 MD + 6.900 MD adicionales por recargos devengados de Intereses
Punitorios/Resarcitorios, Honorarios/Gastos (que luego fueron reconocidos por
Macri) correspondientes al fallo Griesa = 254.600 MD.
[8] Durante sus 4 años de administración Macri
tomó Deudas por valor de 464.100 MD, de los cuales 296.600 MD correspondieron a
Cancelaciones/Amortizaciones, esto es, a refinanciaciones sistemáticas de
vencimientos, de modo que el saldo neto de aumento resultante fue de 167.500
MD.
Pero
ocurre que en el mismo período, como producto de sucesivas macro-devaluaciones,
la Deuda en Pesos – expresada en Dólares – tuvo una fortísima licuación, con
ajustes por Tipo de Cambio y también CER por el equivalente a 84.200 MD, lo que
da así una variación neta por aumento de la Deuda (+/- otros rubros menores) de
los 81.500 MD citados (aunque el importe por sumatoria daría algo más, 82.500
MD; y por diferencia de saldos, 83.300 MD),
Este
punto es importante porque se relaciona con la estructura del endeudamiento
macrista y su perfil de vencimientos, conforme se explica en los párrafos
siguientes de la presente nota...
[9] Al 31.12.2015 – final del gobierno de
Cristina Fernández - el 57.2 % de la Deuda dejada por la administración
kirchnerista era Deuda Intra-Estado, el 30.7 % era Deuda con Acreedores
Privados y el 12 % con Organismos Internacionales (OI: Banco Mundial, BID.CAF y
Club de París).
Al
31.12.2019 – final del gobierno Macri – la estructura había pasado a ser: 40.0
% Deuda Intra-Estado, 37.3 % Privados y 22.7 % OI (con la incorporación del
FMI).
Con un
cambio importante registrado durante el último año de gestión Macri: que a
fines de 2018 la Deuda con Acreedores Privados era el 44.6 % de la Deuda Total
y la de OI 17.4 % pero durante ese ejercicio macrista gran parte de la Deuda
con Privados – mayoritariamente Deuda Externa – se traspasó en casi 30.000 MD
(27.500: de 148.100 a 120.600 MD) al FMI con el salvataje del Stand-By.
[10] La concentración de vencimientos de
Deuda en Letras de Tesorería y Bonos de Corto Plazo dejada por la
administración Macri era de casi 80.000 MD (exactamente 78.900) para el 2020:
63.600 MD de Capital y 15.300 MD de Intereses (cifra esta última que incluso es
discutible por la forma de cálculo, porque es menor que la que figuraba
prevista en el PL de Presupuesto y por la existencia de anatocismo debido a la
capitalización de parte de los Intereses a Pagar).
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