La
Argentina se debate en un áspero debate (mejor sería embates sin fundamentos) donde
Milei rompe las estructuras vigentes de cuarenta años de democracia.
La
grieta venía bien, se autorregulaba, pero este personaje de otro mundo les
introdujo una zanja al medio y todo fermentó.
Sin
ser muy avezado en estas lides, es evidente que más que una lucha filosófica y
económica, se ha trasformado en una desesperación por mantener privilegios
enquistados en la sociedad que carcomen los cimientos de la sociedad.
¿Por
qué existe la denominada justicia social?
Es
un entramado que surge como consecuencia dela ruptura del orden económico
natural.
En
una sociedad que respete el orden natural, la justicia social no tiene razón de
ser, pues el equilibrio espontaneo entre la producción genuina y el consumo
equilibrado logran un ambiente de estabilidad natural.
Gustave Thibon en “Nuestra mirada ciega
ante la luz” afirma “Es verdad, la vida es más que el alimento, y el cuerpo más
que el vestido, pero la vida no puede subsistir sin alimento ni el cuerpo sin
el vestido”.
En “El hombre, la familia, la comunidad
entre la realidad y la utopía” (2010) escribía “Las actividades materiales,
espirituales y sociales ligan al hombre con los demás en una seria de
relaciones que van desde el altruismo, a la solidaridad, la reciprocidad, el
intercambio y por último, la coerción”.
No se necesita ser demasiado
“instruido”, para interpretar cuales son las cualidades que dan formas a las
relaciones económicas que surgen del “contrato” vigente.
Hay relaciones económicas que están
impregnadas por la coacción, en la cual,
una de las partes exige a otra un bien o una prestación sin recibir nada a
cambio de ella.
Propia del capitalismo marxista este
tipo de relación se ha incrementado en forma sostenida a partir del momento en
que la globalización comenzó a manifestarse en forma expresa. Es notoria su
incidencia en las relaciones laborales.
La coacción que produce frutos
exultantes a quienes la aplican, parte en los tiempos modernos de una
triquiñuela utilizada hábilmente para lograr, dentro de la democracia, en forma
ilimitada en el poder.
Utiliza las “políticas de estado” por
las cuales se reemplazan las actividades propias de un orden natural que da
significado ético a una comunidad.
Una segunda forma de integración es la
del intercambio, propia de la
economía de mercado, instrumento fundante de la democracia liberal junto con
los medios de comunicación. A través de ella se sostiene que el equilibrio se
logra espontáneamente por el encuentro competitivo de la oferta y la demanda.
Al encontrarse ambas se logra el equilibrio y todos quedan plenamente
satisfechos.
¿Qué falso, solo participan los que
tienen poder adquisitivo, los demás se mueren de hambre?
Sería indispensable que muchos
economistas al elaborar sus elucubraciones de laboratorio pusieran los pies en
tierra y pensaran en el otro, en aquel semejante que no puede satisfacer ni las
necesidades elementales y se le niegan los medios para poder hacerlo.
Es falso que el intercambio que surge de
la mal llamada competencia, logre el equilibrio de las partes. Es falso porque
el sistema se ha fijado como meta, no la atomización de los oferentes, sino la
progresiva y constante concentración de las riquezas en pocas manos para
plasmar en la realidad ese anhelo indiscutible del poder mundial de una sola
economía que rija los destinos de una única sociedad.
La tercera de las formas de integración
es la de la reciprocidad. En ella se
funda la ley de reciprocidad en los cambios que sustenta el funcionamiento de
una economía natural llena de significado para todos los hombres. Está ley debe
regir sobre la ley de oferta y demanda.
Lo atemporal de la reciprocidad se funda
en el hecho que una prestación realizada puede ser recompensada un tiempo
después. Además, el acuerdo es íntimo de ambas partes. No existe ningún
organismo que establezca las pautas, sólo puede servir de orientación.
La última forma de integración económica
es la del altruismo. Es de carácter
unilateral. Una de las partes entrega un bien o un servicio a la otra, sin
requerir ninguna contraprestación a cambio. Para que esta forma logre su
plenitud es necesario el anonimato a efectos de evitar la soberbia de quien
dona y obtener el regocijo cierto de quien recibe.
De un lado al otro de la grieta, se
desgastan con argumentos falaces, la libertad como fin o las políticas de estado,
pero por ambos caminos nos llevan a la ciénaga.
POR Y PARA TI, AMIGO DEL ALMA
HASTA EL REENCUENTRO
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