domingo, 21 de enero de 2024

JUSTICIA SOCIAL

 

La Argentina se debate en un áspero debate (mejor sería embates sin fundamentos) donde Milei rompe las estructuras vigentes de cuarenta años de democracia.

La grieta venía bien, se autorregulaba, pero este personaje de otro mundo les introdujo una zanja al medio y todo fermentó. 

Sin ser muy avezado en estas lides, es evidente que más que una lucha filosófica y económica, se ha trasformado en una desesperación por mantener privilegios enquistados en la sociedad que carcomen los cimientos de la sociedad.

¿Por qué existe la denominada justicia social?

Es un entramado que surge como consecuencia dela ruptura del orden económico natural.

En una sociedad que respete el orden natural, la justicia social no tiene razón de ser, pues el equilibrio espontaneo entre la producción genuina y el consumo equilibrado logran un ambiente de estabilidad natural.    

Gustave Thibon en “Nuestra mirada ciega ante la luz” afirma “Es verdad, la vida es más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido, pero la vida no puede subsistir sin alimento ni el cuerpo sin el vestido”.

En “El hombre, la familia, la comunidad entre la realidad y la utopía” (2010) escribía “Las actividades materiales, espirituales y sociales ligan al hombre con los demás en una seria de relaciones que van desde el altruismo, a la solidaridad, la reciprocidad, el intercambio y por último, la coerción”.

No se necesita ser demasiado “instruido”, para interpretar cuales son las cualidades que dan formas a las relaciones económicas que surgen del “contrato” vigente.

Hay relaciones económicas que están impregnadas por la coacción, en la cual, una de las partes exige a otra un bien o una prestación sin recibir nada a cambio de ella.   

Propia del capitalismo marxista este tipo de relación se ha incrementado en forma sostenida a partir del momento en que la globalización comenzó a manifestarse en forma expresa. Es notoria su incidencia en las relaciones laborales.

La coacción que produce frutos exultantes a quienes la aplican, parte en los tiempos modernos de una triquiñuela utilizada hábilmente para lograr, dentro de la democracia, en forma ilimitada en el poder.

Utiliza las “políticas de estado” por las cuales se reemplazan las actividades propias de un orden natural que da significado ético a una comunidad.

Una segunda forma de integración es la del intercambio, propia de la economía de mercado, instrumento fundante de la democracia liberal junto con los medios de comunicación. A través de ella se sostiene que el equilibrio se logra espontáneamente por el encuentro competitivo de la oferta y la demanda. Al encontrarse ambas se logra el equilibrio y todos quedan plenamente satisfechos.

¿Qué falso, solo participan los que tienen poder adquisitivo, los demás se mueren de hambre?

Sería indispensable que muchos economistas al elaborar sus elucubraciones de laboratorio pusieran los pies en tierra y pensaran en el otro, en aquel semejante que no puede satisfacer ni las necesidades elementales y se le niegan los medios para poder hacerlo.

Es falso que el intercambio que surge de la mal llamada competencia, logre el equilibrio de las partes. Es falso porque el sistema se ha fijado como meta, no la atomización de los oferentes, sino la progresiva y constante concentración de las riquezas en pocas manos para plasmar en la realidad ese anhelo indiscutible del poder mundial de una sola economía que rija los destinos de una única sociedad.

La tercera de las formas de integración es la de la reciprocidad. En ella se funda la ley de reciprocidad en los cambios que sustenta el funcionamiento de una economía natural llena de significado para todos los hombres. Está ley debe regir sobre la ley de oferta y demanda.

Lo atemporal de la reciprocidad se funda en el hecho que una prestación realizada puede ser recompensada un tiempo después. Además, el acuerdo es íntimo de ambas partes. No existe ningún organismo que establezca las pautas, sólo puede servir de orientación.

La última forma de integración económica es la del altruismo. Es de carácter unilateral. Una de las partes entrega un bien o un servicio a la otra, sin requerir ninguna contraprestación a cambio. Para que esta forma logre su plenitud es necesario el anonimato a efectos de evitar la soberbia de quien dona y obtener el regocijo cierto de quien recibe.

De un lado al otro de la grieta, se desgastan con argumentos falaces, la libertad como fin o las políticas de estado, pero por ambos caminos nos llevan a la ciénaga.  

                                                                                                POR Y PARA TI, AMIGO DEL ALMA

                                                                                                                   HASTA EL REENCUENTRO   

 

     

 

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