martes, 9 de enero de 2024

AMIGO, NO ABANDONES LA TRINCHERA

 



 


 


Contame una historia distinta de todas,
Un lindo balurdo que invite a soñar.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Contame una historia...
Mentime al oído
La fábula dulce de un mundo querido, soñado y mejor...
Abrime una puerta por donde se escape
La fiebre del alma que huele a dolor...

Muchas veces, la razón te sofrena, pero el alma se subleva, te inquiere, te reprocha, te insta a que hagas correr la tinta invisible, y pongas en el pedestal que merece a este guerrero que desde la trinchera no afloja, y lucha denodadamente contra las armas invisibles (¿por qué tanta injusticia?) que me tienen confundido en esta guerra desigual e injusta.

Lo doloroso es que no sé de donde viene y por qué.

Y quizás lo sepa, pero no es tiempo de perder en estos testimonios.

Los guerreros que comparten tu trinchera, como lo hizo Roberto Estévez (el otro héroe que me conmueve, no tengo ídolos, todos son de barro huero), en cinco años no has salido de ella, siempre firme con el arma intangible del consuelo, de la esperanza, del dejar todo en la búsqueda de la ayuda que tintinea, aparece y desaparece como arte de magia. Este auxilio, no lo esperas de la retaguardia, sino de arriba, si de arriba, donde tienes puestas todas sus esperanzas. 

¡Y qué decir de mí!

Contigo, intrépido guerrero, no consiento ninguna relación filial, hay algo más profundo, más perfecto, si casi perfecto.

Compartimos algo inmenso, inigualable en esta vida de dolor, si de dolor.

Me elegiste como tu mejor amigo, me emocionaste, me enorgulleciste, me hiciste importante, yo un ser humano escondido en su humilde trinchera escribiendo cosas que van contra el mundo, y que te postran en el anonimato, y tú me diste las fuerzas para no abandonar mis quimeras. 

No poso la mirada ni adelante ni atrás, miro y miro hacia arriba, no me entrego, y espero ese milagro postrer que te permita de una vez por todas salir victorioso de la trinchera y corretear por el mundo como todos los niños como tú.

Ahí será el tiempo de hacer realidad nuestros sueños, todos aquellos que tenemos pendientes.

Todo es muy desolado, y me dicen:

 ¡Tú como siempre, idealista y soñador!

Sí, pero prefiero vivir en el mundo de las ilusiones y no perder las esperanzas, la fe no me va a abandonar, y ahí sí cuando el sol resplandezca el firmamento, miraré hacia arriba, te tomaré de la mano, te daré un abrazo interminable, y será la hora de cumplir, si de cumplir lo prometido, que no es nada al lado de tan gigantesco regalo de Dios.

Quiero salir de mi sueño, y que la realidad me diga, está feliz, tu amigo ganó esta batalla.

Salió victorioso de la trinchera.

Dios es infinitamente misericordioso, y espero recoja mes plegarias. 

Si no es así aceptaré su voluntad y desde lo más recóndito del firmamento, amigo, estarás guiando mis pasos cansados.

Escribo por vos, héroe silencioso de tantas                            batallas que afrontas con valor todos los días

                                                                                                                                                                    BF   

Nota: Cuándo aún compartíamos el tiempo juntos.

                                                                                                                             Roberto E. Franco 

Contame una historia distinta de todas,
Un lindo balurdo que invite a soñar.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Contame una historia...
Mentime al oído
La fábula dulce de un mundo querido, soñado y mejor...
Abrime una puerta por donde se escape
La fiebre del alma que huele a dolor...

Muchas veces, la razón te sofrena, pero el alma se subleva, te inquiere, te reprocha, te insta a que hagas correr la tinta invisible, y pongas en el pedestal que merece a este guerrero que desde la trinchera no afloja, y lucha denodadamente contra las armas invisibles (¿por qué tanta injusticia?) que me tienen confundido en esta guerra desigual e injusta.

Lo doloroso es que no sé de donde viene y por qué.

Y quizás lo sepa, pero no es tiempo de perder en estos testimonios.

Los guerreros que comparten tu trinchera, como lo hizo Roberto Estévez (el otro héroe que me conmueve, no tengo ídolos, todos son de barro huero), en cinco años no has salido de ella, siempre firme con el arma intangible del consuelo, de la esperanza, del dejar todo en la búsqueda de la ayuda que tintinea, aparece y desaparece como arte de magia. Este auxilio, no lo esperas de la retaguardia, sino de arriba, si de arriba, donde tienes puestas todas sus esperanzas. 

¡Y qué decir de mí!

Contigo, intrépido guerrero, no consiento ninguna relación filial, hay algo más profundo, más perfecto, si casi perfecto.

Compartimos algo inmenso, inigualable en esta vida de dolor, si de dolor.

Me elegiste como tu mejor amigo, me emocionaste, me enorgulleciste, me hiciste importante, yo un ser humano escondido en su humilde trinchera escribiendo cosas que van contra el mundo, y que te postran en el anonimato, y tú me diste las fuerzas para no abandonar mis quimeras. 

No poso la mirada ni adelante ni atrás, miro y miro hacia arriba, no me entrego, y espero ese milagro postrer que te permita de una vez por todas salir victorioso de la trinchera y corretear por el mundo como todos los niños como tú.

Ahí será el tiempo de hacer realidad nuestros sueños, todos aquellos que tenemos pendientes.

Todo es muy desolado, y me dicen:

 ¡Tú como siempre, idealista y soñador!

Sí, pero prefiero vivir en el mundo de las ilusiones y no perder las esperanzas, la fe no me va a abandonar, y ahí sí cuando el sol resplandezca el firmamento, miraré hacia arriba, te tomaré de la mano, te daré un abrazo interminable, y será la hora de cumplir, si de cumplir lo prometido, que no es nada al lado de tan gigantesco regalo de Dios.

Quiero salir de mi sueño, y que la realidad me diga, está feliz, tu amigo ganó esta batalla.

Salió victorioso de la trinchera.

Dios es infinitamente misericordioso, y espero recoja mes plegarias. 

Si no es así aceptaré su voluntad y desde lo más recóndito del firmamento, amigo, estarás guiando mis pasos cansados.

Escribo por vos, héroe silencioso de tantas                            batallas que afrontas con valor todos los días

                                                                                                                                                                    BF   

Nota: Cuándo aún compartíamos el tiempo juntos.

                                                                                                                             Roberto E. Franco 

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