El Foro de Davos con sus
macabras ideas continúa destruyendo las estructuras naturales y sabias que
tanto bienestar dieron a la humanidad, fundadas en el orden moral.
Y en el entre tanto, en la
mayoría de los países, Argentina abanderada, se acercan las votaciones y todos
se pelean por el botín ya devaluado luego de tantas esquilmas. De conocimiento
y sabiduría, nada, solo vale servirse del poder.
Ahora, bien, hay que tener en
cuenta que la inflación no es nada más que uno de los tantos problemas que
afectan a las familias.
Si bien la nota que desarrollaré
es aplicada a la decadente y corrompida “Corporación Estados Unidos”, como todo
hecho de esta índole se traslada rápidamente a nuestra Patria, sedienta de
cualquier engendro de entrega.
Es así que todos los
hipermercados lo que ofrecen ahora como bienes estupendos de consumo no son
nada más que “basura barata”.
El
escritor económico Charles
Hugh Smith ha advertido repetidamente
que “la " crapificación " de la economía es el resultado natural
de un "modelo neoliberal de hiperfinanciarización e
hiperglobalización", en el que los fabricantes casi monopolistas producen
bienes en masa con los componentes más baratos posibles, mientras que los
clientes con pocas opciones de compra se ven obligados a aceptar que pocas compras
durarán”.
Uno de los pasos previos, que
pasó inadvertido, pero que fue el origen de este maquiavélico plan.
Hace unos años, en varias
oportunidades me ocupé de este tema particular, por el cuál se puede dilucidar
fácilmente que cada día suman normas de calidad y los bienes producidos duran
menos.
Siguiendo con este economista “la "obsolescencia programada",
combinada con un mercado libre "solo de nombre", crea un sistema
amañado en el que los consumidores intermedios se ven obligados a pagar más con
el tiempo, mientras poseen poco que mantendrá el valor por mucho
tiempo. Los electrodomésticos que solían funcionar durante décadas ahora
apenas superan los períodos de garantía exigidos por la ley. Las
herramientas de metal que podrían pasar de una generación a la siguiente ahora
tienden a oxidarse antes de que puedan usarse en más de un puñado de
trabajos. Cuando los dispositivos electrónicos costosos sobreviven más de
dos años, los hogares con problemas de liquidez respiran
aliviados. Cualquiera que tenga la edad suficiente para recordar los
ataques terroristas del 11 de septiembre puede contar una historia sobre un
producto que era mucho más barato, pero mucho más confiable, cuando se compró
hace mucho tiempo”.
“Asimismo, el servicio al cliente es más
lamentable que nunca. Intenta hablar con un humano real por
teléfono. Es casi imposible. La asistencia automatizada ha eliminado
la interacción personal de la mayoría de las experiencias de compra. Las
gasolineras, los restaurantes de comida rápida y las tiendas de conveniencia
han reemplazado a los cajeros humanos con máquinas equipadas con cámaras
diseñadas para el autoservicio. Incluso una visita a una tienda de
abarrotes o artículos para el hogar ahora requiere rutinariamente el uso de un
quiosco de autopago al realizar una compra. Se ha vuelto completamente
normal presenciar a las personas luchando con la rutina de sacar todo de sus
carritos de compras, escanear cada artículo y colocar la carga en bolsas, antes
de volver a tirar todo en los carritos, pagar y barajar. Es un tanto
desconcertante considerar que no hace mucho tiempo, empleados serviciales y
sonrientes trabajaban arduamente para cuidar todos esos servicios como parte de
la relación ordinaria que se mantiene entre una empresa y sus clientes”.
Y la humanidad, en su mayoría,
desconcertada sigue al pie de la letra los lineamientos que les propone la
“tele”, y no se percata que todos dicen lo mismo, pero con diferencias de
matices para cumplir sus órdenes.
Sino pregúntenle a Tucker
Carlson, el periodista más visto de Estados Unidos, pero se salió de la
narrativa y lo echaron.
¡La verdad no importa!
Roberto Franco
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