¿Para qué necesitamos a los seres
humanos?
“el hombre común
-una gran parte de la humanidad- es "inútil"”.
Yuval Noah Harari
Es evidente que esta macabra iniciativa de eliminar la población, no
es algo nuevo, además se han sucedido hechos similares a lo largo de la
historia de la humanidad, pero nunca alcanzaron el poder de los satanistas de
nuestro tiempo.
Roberto Pecchioli analiza con precisión “ya en los años cincuenta, en los albores de la
revolución tecnológica, Gunther Anders escribió que el hombre es
anticuado. Su inteligencia ya no era capaz de seguir el ritmo de las
innovaciones tecnológicas, descubrimientos en relación con los cuales se reveló
la insuficiencia del homo ya no tan sapiens. Anders
llamó a la brecha que se estaba ampliando entre el hombre y la máquina la
“brecha prometeica”. Décadas después, parece claro el plan de trascender
al hombre hasta el punto de sustituirlo por el aparato artificial. Los
robots, las nanotecnologías, el auge de la Inteligencia Artificial, el
ciberhombre hibridado con la máquina, son realidad. A muchos les resulta
difícil comprender el significado de esta gigantesca reconfiguración, el reinicio más
grande y definitivo”.
Este
liberalismo globalista a través de las finanzas nos ha ido doblegando con el
correr de los últimos siglos y especialmente las últimas décadas.
Dominar a su
antojo a la humanidad no es más que un medio para alcanzar el objetivo
definitivo el cual consiste en alcanzar el transhumanismo o “el deseo de
superar a la criatura humana cambiando irrevocablemente su naturaleza biológica”.
Arianna
Editrice agrega, “el fin del hombre, el homo sapiens sapiens ,
la especie a la que pertenecemos, está cerca. Los portavoces de los
maestros universales nos lo dicen claramente. El hombre anticuado de
Anders es ahora "inútil", en palabras de Yuval Harari, intelectual de
referencia y portavoz del Foro de Davos, transhumanista, autor del best
seller Homo Deus (el hombre del futuro), cuyo título es un preciso
programa ideológico”.
Es
interesante lo que agrega Pecchioli “Harari es en sí mismo un producto
transhumano: un hombre de confianza de los señores del mundo,
israelí-estadounidense, ateo, homosexual (la humanidad al revés,
estéril...). Es uno de aquellos a quienes la cúpula confía el desarrollo
de ideas y la difusión de la palabra de los superiores al hombre antiguo, en
pequeñas dosis y de forma selectiva. Tenemos que
acostumbrarnos. Lástima para nosotros si no entendemos: nos hicieron tomar
conciencia. El homo deus, que rehace la creación imperfecta y
se pone en el lugar de Dios, la naturaleza o la evolución -la vieja y
renaciente utopía gnóstica- no somos nosotros. Son "ellos", los
iluminados, quienes reclaman no sólo la dirección de la humanidad, sino incluso
la propiedad de los humanos”.
Así
habla Harari, “El mundo está atravesando un cambio profundo: la
inteligencia artificial está desempeñando un papel cada vez más
importante. ¿Qué impacto tiene esto? Se acabó la idea de que los
seres humanos tienen alma o espíritu y libre albedrío”. No conocemos
ningún materialismo más absoluto, frío e inhumano que el destilado por los
ventrílocuos de los señores. Predicen (o saben…) que la humanidad se
dividirá en castas biológicas. En lugar de una humanidad, habrá varias. El
resultado es que la mayoría de la gente se vuelve “económicamente inútil” y
“políticamente impotente”.
El
panorama es sombrío pero seguimos ocupados y preocupados por la mediocridad
tendenciosa de los grandes medios de comunicaciòn, y para colmo esperando el
desenlace diario de programas degradantes para la vista, el lenguaje y la moral
de los argentinos.
Y
en lugar de beber en Platón, Aristóteles y Santo Tomás entre otros, nuestros
jóvenes, ignorantes de los problemas que los aquejan, saborean estos dislates
que vienen de afuera para deformarlos, y para completarlo, siguen todo el día
al último invento mediático de la globalización, los influencer, personajes
“seductores de la nada”.
Roberto E. Franco
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